Verano Familiar 1

NSFWLiteratura Erótica

(Todos las personas que aquí se mencionan son mayores de edad).

Un día más en la oficina, estaba en mi escritorio redactando un contrato importante para mi empresa cuando por debajo del escritorio sentí una mano acariciando mi entrepierna; las manos pasaron de acariciar a desabrochar mis pantalones para sacar mi verga. Ya con la verga afuera, sentí una boca cálida rodeando la cabeza de mi miembro; miré y era Susana, mi secretaria. Llevábamos una relación desde hace varios años, incluso antes de que falleciera mi esposa Kate, por lo que el sexo en la oficina era algo cotidiano.

—Aaaah, estoy a punto de venirme —susurré y cerraba los ojos; sin embargo, al mirar el rostro de Susana, me dijo:

—¿Te gusta, Papá?

—¿Papá? —quedé confundido—. Papá... despierta. —Abrí los ojos y vi a Brenda, mi hija, encima de mí, brincando y rozándome de manera inocente. La tomé de la cintura y delicadamente la aparté de mí; no quería que sintiera mi verga erecta por ese sueño.

—¿Por qué la prisa por que me despertaste, princesa? —le pregunté aún somnoliento.

—Hoy comienza el verano, Papi, ¿sabes lo que significa? Podré tomar el sol todo el día, dormir, relajarme y beber alcohol sin control —me dijo con entusiasmo.

—Pero no mucho, no quiero que te vuelvas una alcohólica —le dije con una sonrisa.

—¡Papii! Obvio no, solo voy a tomar poquito —me dijo mordiéndose el labio, de forma coqueta.

—Mira, solo no quiero que rompas algo o que…

—Gracias, papiiiiiiiii. —Me interrumpió Brenda, me dio un beso en la mejilla y salió corriendo de mi habitación. Suspiré resignado, me levanté de la cama; aún tenía mi verga erecta por el sueño y por la fricción que hubo con Brenda. Me preguntaba si había sentido algo cuando estaba encima de mí; a pesar de que teníamos una fuerte confianza, había límites y que ella rozara mi verga era un límite que no quería superar.

Me vestí de forma casual y me dirigí hacia la cocina; tenía que hacer el desayuno. Ser padre viudo no era una tarea fácil y menos cuando tu hija era una joven inmadura que seguía comportándose como adolescente; eso, y agregando que era sumamente hermosa, me hacía pensar acerca de nuestro futuro.

Mientras hacía el huevo con tocino, sentí cómo las manos de Brenda me abrazaban y cómo sus pechos se apretaban a mi espalda.

—Hija, de verdad, no quiero que tomes mucho alcohol. Voy a dejar que estés en la piscina, pero te voy a estar vigilando —le dije de forma firme.

—¿Eso solo es un pretexto para verme en bikini, cierto? —Me sonrojé de inmediato ante las palabras de mi hija.

—Claro que no… quiero decir, eres una joven hermosa, pero soy un hombre mayor y…

—JAJAJAJAJA. —Brenda comenzó a reír a carcajadas. —Obvio, es una broma, papi, estoy muy contenta de que me cuides. —Me abrazó con aún más fuerza. —Aunque varias de mis amigas consideran que eres un hombre muy guapo —dijo casi susurrando.

—¿Qué dijiste?

—Nada, nada, papi… ¿Ya está el desayuno? Me muero de hambre —dijo, cambiando de tema.

El desayuno transcurrió con normalidad. Brenda estaba visiblemente emocionada ante la idea de pasar un verano lejos de los pensamientos de la escuela y con la tranquilidad de una adolescente. Por mi parte, no podía hacer más que apoyar sus planes. Al fin y al cabo, era lo más importante en mi vida, y haría todo lo necesario para cuidarla.

Cuando terminamos de desayunar, subimos al auto rumbo al supermercado más cercano.

—Vamos a comprar inflables, bronceador, comida y mucho alcohol —dijo Brenda, aferrada a mi brazo mientras cruzábamos la entrada del súper.

—No quiero que compres mucho alcohol, no quiero que termines ahogada en mi piscina, por favor —le dije a Brenda. —Voy a buscar unas cosas. Toma lo que necesites y luego me buscas para pagar, ¿vale?

—Sí, papi —contestó alegremente antes de soltar mi brazo y desaparecer casi corriendo entre los pasillos.

Aproveché el momento para dirigirme al área de farmacia. Del mostrador tomé una caja de condones, pensando que, si mi hija iba a divertirse, yo también podría hacerlo. Mientras revisaba entre las distintas opciones disponibles, sentí la vibración de mi celular. Al sacarlo, noté que era un mensaje de Susana, mi secretaria.

"¿Cómo amaneciste, César?", preguntaba. Nuestra relación era todo menos convencional. Más que una pareja madura, nos comportamos como dos adolescentes enamorados. Salíamos a parques, cenas, y teníamos sexo siempre que podíamos. Para mí, era más de lo que podría pedir. Susana, a sus 35 años, con una hija de 18 años, era una mujer espectacular que se mantenía increíblemente bien.

"¿Quieres venir a casa? "Podríamos divertirnos hoy", le respondí. Guardé mi teléfono, tomé una caja de condones y me dirigí al área de alimentos. Mi idea inicial era preparar una parrillada típica para mi hija, pero no sabía que Brenda probablemente tendría otros planes.

—PAPIIIIII —gritó su voz desde el otro extremo del supermercado. Al voltear, la vi acercándose con una canasta que contenía tres botellas de vodka y varias bolsas de botanas.

—Listo, papi, esto es lo único que quiero —me dijo sonriente mientras levantaba orgullosa la selección que había hecho. Suspiré y le devolví la sonrisa.

—¿Y para comer? —pregunté.

—Pizza quiero de pepperoni —contestó. Suspiré resignado; mi idea de parrillada tendría que esperar. Pagamos todo, incluidos los condones, que Brenda ni siquiera notó por estar distraída con su celular. Cargamos las compras en el auto y emprendimos el regreso a casa.

Cuando llegamos, Brenda corrió a su habitación para arreglarse y estar lista mientras yo bajaba las cosas del auto. Al acomodarlas en la cocina, revisé mi celular nuevamente y vi un mensaje de Susana: "Voy en camino". Sonreí y estaba a punto de responder cuando el timbre de la casa interrumpió mis fantasías; era el repartidor que había llegado con las pizzas que ya había pedido Brenda. Pagué las pizzas, las recibí y me dirigí a la cocina, tomé un vaso y serví un poco de vodka de las botellas de Brenda, caminé hacia la sala de estar, donde me dejé caer sobre el sofá, prendí la televisión, bebí de mi vaso y aclaré la garganta después del primer trago.

—Ajam, qué fuerte está esto —dije en voz alta, sorprendido de lo que había comprado Brenda.

—Es que no es para viejos, es para la gente joven —dijo Brenda parada en bikini en la entrada de la sala.

La miré de arriba hacia abajo completamente sorprendido; tal vez fue el rápido efecto del alcohol en mi cuerpo. Sin embargo, no pude evitar que la sangre circulara hacia mi pene, formando una leve erección. Finalmente, era una joven hermosa y su cuerpo estaba completamente bien desarrollado; medía poco más de 165 cm, pero eso poco importaba comparado con el firme tamaño de sus tetas; sin duda era hermosa.

—Te ves hermosa, hija —le dije después de examinar su cuerpo con mi mirada.

—¿Te gusta? Pensé que era muy provocativo —me dijo mientras movía su cuerpo para verse a sí misma.

—Creo que el color resalta tus ojos —dije sonriendo y sin apartar la mirada de su escultural cuerpo.

—Ay, papi, me apeno —soltó una risa coqueta—, pero bueno, iré a servirme un poco de lo que estás bebiendo e iré a tomar el sol un poco —dijo y se dirigió a la cocina, sirvió en un vaso una buena cantidad de vodka con algo de jugo de piña y salió al patio donde se encontraba la piscina.

—Mmmm, está bien, aunque voy a ir periódicamente a verte, así que no hagas nada malo porque lo voy a saber —le dije antes de que saliera por completo.

—Qué desgracia, entonces, ¿quién me va a poner bronceador en mi cuerpo? —dijo sarcásticamente mientras se dirigía hacia el patio; suspiré ante su indiferencia.

Terminé de beber de mi vaso, me levanté hacia la cocina y miré hacia la ventana donde ya estaba Brenda acostada boca arriba con los ojos cerrados. Quedé hipnotizado por su hermoso cuerpo y por lo linda que se veía su piel cubierta de bronceador brillando por el reflejo del sol. Al ver su cuerpo completamente desarrollado, la erección que tenía aumentó súbitamente. Me serví otro vaso de vodka mientras vigilaba a mi niña.

—Si fuera más joven… —susurré y bebí de mi vaso. Inconscientemente acomodé mi verga dentro del pantalón, ya que la erección me era incómoda. En eso, nuevamente el timbre; al abrir, era Susana de pie frente a la puerta, vestida de manera muy casual en comparación a cuando nos vemos en la oficina.

—Hola, jefe. —Se acercó y me dio un beso en la boca.

—Hola, Susy, pensé que no ibas a venir, ya es muy tarde —le contesté.

—Sí, perdón, tuve que ir a dejar a Erica a su clase de natación —me contestó mientras entraba. Erica era su hija, que tenía la misma edad que Brenda; nunca fueron amigas, incluso podría decir que no se llevaban bien por el hecho de que fuera de la escuela nunca las había visto platicar. —¿Qué es ese ruido? —preguntó Susana al escuchar la música que Brenda había puesto en su sesión de bronceado.

—Ya sabes, jóvenes —bromeé—, pero toma, siéntate —le señalé el sofá—. ¿Quieres beber algo? ¿Tengo vino, cerveza o vodka?

—Será mejor que tome algo ligero, una copa de vino; tengo que ir por la tarde a recoger a Lana, no puedo llegar ebria —me dijo. Asentí y me dirigí hacia la cocina, serví más vodka para mí y un poco de vino en otra copa. Regresé a la sala y me senté junto a Susana; bebimos, comenzamos a platicar, el tiempo pasó muy rápido y el alcohol que seguíamos bebiendo hacía cada vez más efecto; sin importarme la presencia de mi hija, me lancé hacia Susana.

Empezamos a besarnos; los besos empezaron como pequeños picos, pero pronto se hicieron más largos y apasionados. Nuestras lenguas se lanzaron una alrededor de la otra. Me estiré alrededor de su cintura y busqué a tientas el cierre de su falda. Ella apartó mi mano de un manotazo e interrumpió el beso.

—No tan rápido —dijo. Me encorvé ligeramente, mostrando mi decepción. Ella giró la cabeza hacia la puerta del baño y dijo:

—Tengo que ir al baño, espérame en tu habitación. —Me dio un beso, se puso en pie y, tambaleándose, entró al baño. Fui hacia la cocina por más alcohol y, como Brenda parecía haberse quedado dormida bajo el sol, rellené mi vaso y subí hacia mi cuarto.

Me senté en la cama con solo mis calzoncillos puestos, ansioso por que Susana llegara y, después de lo que pareció una eternidad, Susana apareció. La miré de arriba abajo; tenía el pelo suelto, llevaba solo un sujetador blanco de encaje con una tanga a juego y todavía llevaba sus tacones, que acentuaban sus pantorrillas. Se veía más increíble de lo que recordaba. Mi pene se había ablandado un poco mientras estaba en el baño, pero al verla, volvió a estar completamente erecto.

—¡Guau! —exclamé.

—¿Te gusta lo que ves? —preguntó y luego giró 360 grados mostrando cada parte de ella.

—Sí —respondí—. Muchísimo.

—Sube a la cama —dijo con tono autoritario, casi como una orden. Obedecí y me moví hasta que mi cabeza quedó justo encima de las almohadas.

Se subió a la cama, puso las rodillas entre las mías y empezó a recorrer lentamente con el dedo índice derecho mi pie, hasta el tobillo, pasando por la pantorrilla y la rodilla, y subiendo hasta el muslo.

—Vamos a deshacernos de estos —dijo mientras comenzaba a quitarme los bóxers.

Mientras agarraba la cintura con ambas manos, levanté mi trasero de la cama. Los deslizó por mi cintura y mi polla se puso de pie. Susana le dio un beso en la punta mientras se movía por la cama, llevándose mi bóxer con ella. De pie al pie de la cama, tiró de la tela sobre mis pies y la arrojó al suelo.

Me incliné sobre los codos para verla mejor y ella me miró con picardía y luego se estiró para desabrocharse el sujetador, se lo quitó y lo arrojó junto a mis calzoncillos. Se pasó las manos por la parte exterior de los pechos, ahuecando cada uno de ellos, y luego comenzó a masajear los pezones entre el pulgar y el índice. Sonreí en señal de aprobación al ver eso.

Después de unos momentos de jugar con sus tetas, se quitó los zapatos, se inclinó hacia delante, puso sus manos entre mis pies y comenzó a subirse a la cama, moviéndose sobre mí al mismo tiempo. Se detuvo cuando su cabeza estaba a la altura de mi cintura, con sus manos a ambos lados de mí, y dijo

—Recuéstate y cierra los ojos, jefe. —Obedecí de inmediato y moví mis manos por encima de mi cabeza. Susana comenzó a trazar muy suavemente la punta de mi pene con su lengua. Era tan suave que no estaba seguro de que me estuviera tocando. Su lengua se movió más abajo en la cabeza hasta que sentí la caricia de sus labios; su lengua continuaba lamiendo su perímetro. Se sentía tan maravilloso que dejé escapar un gemido audible.

Empezó a mover la cabeza de arriba a abajo, pasando la lengua por la base de mi miembro. Al principio, lentamente, pero luego aceleró el ritmo.

—Oh, Susana —gemí—, es increíble.

Mi orgasmo se acercaba y luego sentí que la cama se movía un poco. Susana dejó de mover la cabeza y mantuvo sus labios alrededor de mi verga. Entonces sentí que su mano agarraba mi miembro y comenzaba a deslizarse hacia arriba y hacia abajo. El movimiento de su mano hacia arriba y hacia abajo y su lengua jugando con mi cabeza me dieron todo lo que pude soportar. Sentí que mis bolas comenzaban a apretarse y gemí de nuevo. Un par de embestidas más y logré jadear.

—¡Me voy a correr! —Dejó de acariciar mi pene y volvió a colocar su mano sobre la cama. Mi liberación era inminente y comencé a empujar mis caderas hacia su cabeza, sintiendo sus labios deslizarse por mi pene. En la tercera embestida, no pude contenerme y dejé mis caderas en el aire, liberando un torrente de semen, mi pene enterrado profundamente en su boca.

—UAAAAAAHHHHHH —gemí mientras pintaba la parte posterior de su garganta con mi semen. Escuché a Susana chillar de placer. Después del cuarto chorro, dejé escapar un último gemido y me desplomé en la cama. Susana, con sus labios todavía sellados alrededor de mi eje, bajó la cabeza mientras yo colapsaba, asegurándose de que no se escapara ninguna gota de semen. Sus labios se deslizaron hasta la cabeza de mi pene e involuntariamente sufrí un espasmo ante la sensación. Susana inclinó la cabeza una vez más mientras tragaba mi semen.

Ella se subió a mí y se tumbó de costado a mi lado. Yo todavía disfrutaba del resplandor de mi orgasmo, con las manos sobre la cabeza y los ojos cerrados.

—Tal vez podamos continuar cuando vuelva; tengo que ir a recoger a Erica de sus clases de natación —me susurró al oído, excitado, ebrio y completamente agotado ante tal mamada. Dije

—Te acompaño a la puerta. —Me traté de levantar, pero Susana me detuvo.

—Conozco bien la salida, gracias —me dijo. Comenzó a vestirse de nuevo y salió de mi habitación. Me recosté de nuevo, tratando de asimilar la situación.

Tomé mi celular y ordené algunas milanesas, la comida favorita de Brenda. Esperé a que llegara la comida; mientras esperaba, mi mejor opción fue beber más vodka. Bebí mucho muy rápido. Escuché el timbre y, completamente mareado, abrí la puerta, recibí la comida y pagué. Cuando me disponía a entrar de nuevo a la casa, escuché el claxon del auto de Susana. Se estacionó en los lugares frente a la puerta y ambas, Susana y Erica, bajaron del vehículo.

—Veo que ya está la comida lista —dijo sonriente Susana.

—Claro, lo pedí para ustedes —dije con una falsa sonrisa.

—Mmmmh, milanesas, son mi comida favorita —olfateó Erica acercándose a mí—. ¿Las compraste para mí, Papá? —me dijo mordiéndose un labio, a lo que inmediatamente me sonrojé. —JAJAJAJAJAJAJAJ —Erica comenzó a reír. —Siempre caes en la misma broma, César —dijo ya con un tono más relajado, incómodo. Sonreí, no sé qué clase de educación le dio Susana, pero Erica era muy atrevida, audaz y un poco insolente, tanto que podría imaginar que se me había insinuado más de una vez, pero no le di importancia.

—Pasen, pasen, que se enfría —les dije, a lo que ambas reaccionaron e ingresaron a la casa. Comencé a poner la mesa.

—¿Brenda está en la piscina? —preguntó entusiasmada Erica.

—SÍ, ella lleva desde la mañana… —traté de responder, pero me interrumpió Erica.

—Apuesto a que necesita a alguien que le ponga bronceador en su espalda; iré a hacerle compañía —dijo Erica decidida.

—Erica, come algo antes —dijo Susana.

—Mamá, estoy a dieta; además, esa comida ya está fría —dijo con un tono seco—. Voy a pasar al baño a ponerme algo adecuado para la piscina —dijo, tomó su mochila y se dirigió al baño.

—¿Tiene su mochila llena de bikinis? —pregunté burlándome.

—Sí, en sus clases de natación son muy flexibles y les dejan solo relajarse y tomar el sol, por eso lleva más de un bikini por cada clase —dijo Susana resignada. —Pffffff —suspiré.

—¿Tienes hambre? —le pregunté a Susana.

—La verdad, sí, pero tengo antojo de milanesa, tengo hambre de salchicha —me dijo seductoramente y se lanzó a mí dándome besos apasionados. Comencé poniéndome las manos en su cintura, para después empezar a acariciar sus tetas y, por supuesto, su enorme culo.

—¿Perdón? Hay niñas presentes. ¿Pueden esperar a estar solos para empezar a hacer sus cosas? —escuché la voz de Erica. Me separé de inmediato de Susana, quien no reaccionó a la voz de su hija; miré a Erica, que estaba parada en la puerta de la cocina.

—¿Me veo bien? —preguntó mordiéndose el labio. Me quedé boquiabierto al ver su traje de baño, un bikini muy pequeño que dejaba poco a la imaginación.

—Te ves muy bien —le contesté sin despegar mi mirada de su hermoso cuerpo. Susana se dio cuenta de ello y decidió intervenir.

—Hija, ponte al más…

—¿Decente? —interrumpió Erica—. Pues no veo nada de malo; a César le gusta —dijo, volviéndome.

—¿Eh? —me despertó de mi inspección al cuerpo de Erica—. Ay, amor, déjala que use lo que quiera, están en confianza, aquí no le va a pasar nada. —Intenté tranquilizar a Susana. —Gracias por no ser un aburrido, César. —Me guiñó un ojo y salió al patio. Mire la cara de Susana, visiblemente enojada.

—¿Pasa algo? —pregunté con ingenuidad.

—Agradecería que no me pusieras en contra a mi hija —respondió molesta.

—Susana, ella es hermosa, déjala que use lo que quiera —traté de calmarla.

—Es que tengo miedo, es joven y hermosa, sí, no quiero que termine embarazada a los 18 años para que termine siendo abandonada. —Su voz se quebró—. No quiero que termine como yo. Se levantó y se dirigió al cuarto; no la seguí para darle su espacio, suspiré resignado. Me serví otra copa de vodka y otra y otra y de repente estaba acostado en el sofá, los ojos cansados y completamente ebrio; cerré los ojos y me quedé dormido…

Continuará...

Posted Jul 17, 2025, 8:42 AM UTC

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