Tengo miedo de ir a trabajar.

Trabajo en la estación de tren, turno de noche. Siempre es lo mismo: silencio, luces parpadeantes y algún que otro borracho buscando el primer tren del día.

Mi encargada, Pilar, mujer bajita, regordeta, unos sesenta años, parece inofensiva. Siempre sonríe, siempre llega puntual. Cada mañana toma el tren de las 6:15, pero aquella noche la vi desviarse. No por la estación, sino hacia el monte.

Tuve una corazonada. Dejé el coche encendido y la seguí.

El camino se estrechaba hasta un claro oculto por árboles torcidos. Cuatro mujeres rodeaban un fuego. Cantaban en un idioma que dolía. Un vagabundo estaba atado en forma de cruz, el torso abierto, aún gritando. Le sacaron el corazón. Lo comieron como si fuera pan caliente.

Pilar no estaba… o eso pensé.

Corrí. Me encerré en el coche. Respiraba como si me hubieran metido el corazón en hielo. Arranqué.

A medio camino, una mano me tocó el hombro.

—Nos vemos mañana en el trabajo —susurró Pilar, desde el asiento de atrás, con ojos negros y dientes afilados.

Pestañeé. Ya no estaba.

Y ahora tengo miedo de ir a trabajar.

Posted Jul 19, 2025, 7:47 PM UTC

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