Seré tu Héroe de Amor.
En el Barrio Yungay, en 1982, llegó en la población un camión que en su interior tenía muebles, electrodomésticos y utensilios de peluquería, mientras un par de hombres con overol azul y jockey a tono bajan las cosas del camión, de un taxi, el cual era un Suzuki Maruti color sol, baja una mujer cuyo atractivo físico y glamour era comparable con una actriz de cine. Era (y sigue siendo) una mujer de cabello cuidadosamente tinturado de color rubio, ojos miel, piel con un leve bronceado, mediana estatura y de atractiva figura, que viste a la moda. Por su cabello y su radiante sonrisa, al tiempo le empezaron a decir con cariño “La Farrah Fawcett”, pero en realidad se llamaba Gloria Vera. Al llegar Gloria no lo hizo sola, sino que con su hijo Joaquín, de 10 años en ese entonces, que tenía un llamativo pero agradable semblante, ya que posee negros y rasgados ojos, pelo oscuro y corto, labios gruesos, pómulos marcados y figura escuálida, típica de un niño en crecimiento.
Al bajarse ambos del auto, Gloria le paga al taxista, para luego pagarle a quien conduce el camión, que baja para cobrar sus servicios y ayudar a sus colegas a bajar los muebles. Al poco andar, se acerca Elisa a su nueva vecina con amabilidad y cortesía, entregando una suntuosa y generosa caja de mercadería, como forma de bienvenida.
¡Buenas tardes, vecina!, siéntase como en casa, mi nombre es Elisa Rebolledo de Cifuentes - saluda Elisa muy amigable, mientras estira su mano. ¡Buenas tardes, doña Elisa!, mi nombre es Gloria Vera, un gusto - responde Gloria, apretando su mano con suavidad. ¿De dónde viene usted, Gloria? - preguntó Elisa para hacer una conversación. Yo soy de Cartagena, del Litoral Central, se puso muy malo y peligroso, así que me vine a buscar una mejor vida, para mi y para mi hijo… - responde Gloria, apuntando con sus ojos a su hijo. ¡Ah, no te ví!, lo siento - dijo Elisa, cortés y avergonzada - ¡Buenas tardes, joven! - le dice Elisa al niño, mirándolo fijo. Buenas tardes, señora - le saluda de vuelta Joaquín con mucha educación. ¿Cómo te llamas, mi niño? - le pregunta Elisa con mucha ternura. Joaquín Vera, señora. - Responde el niño caballerosamente. ¡Tirai pinta de galán! ¿Qué edad tienes? - le dice Elisa con dulzura. Te…tengo 10 años, señora - responde Joaquín con un leve rubor en sus mejillas. ¡Ah, mira como es la vida!, casualmente tengo una hija de tu misma edad, la Verito, estoy segura que serán amiguitos - concluye Elisa con una sonrisa y tono entusiasmado.
De repente, Gloria le comenta a su nueva vecina que debe revisar sus herramientas, ya que ella es peluquera, despidiéndose de ella con amabilidad, recibiendo lla caja de mercadería. Ya madre e hijo dentro de la casa, la mujer pone sobre la mesa del comedor la caja, para luego ir hacia su hijo, poniéndole las manos sobre sus hombros y dirigiéndose hacia su oído:
Esta es nuestra nueva casa, procuremos, porfa, ser felices, por mi parte no te faltará el amor ni el pan en la mesa, ¿ya, mi Chino? - le dice Gloria con ternura y contención a su amado hijo. Bueno, mamá - le responde Joaquín con un dejo de resignación, pero intentando disimular para no herirla.
Luego de esto, Joaquín saca su yo-yo de su bolsillo derecho, se sienta en el sillón, el cual es uno de color terracota que estaba a espaldas de la ventana principal del primer piso. Mientras juega con su yo-yo, mira a través del vidrio con indiferencia, de repente, como un rayo, aparece una niña que salta la cuerda girada por otras dos niñas que apenas distingue. Esta niña era de pelo rubio, largo y rizado que estaba peinado por dos trenzas que intentaban disciplinar el cabello, piel pálida adornada con tiernas pecas que parecían espolvoreadas, vestía una jardinera de jeans algo deslavada y debajo una polera a rayas azul con blanco. Mientras la niña saltaba, Joaquín la miraba como hechizado, pensaba: “¡Qué rucia tan bonita!, ¿Quién será?.”
Pasaron algunos días, se enteró de que esa niña era Verónica Cifuentes, hija de la señora Elisa y de su esposo, don Mario, dueño del minimarket que estaba al frente de su nueva casa. Apenas empezó a interactuar con los niños del pasaje pudo notarla, es una niña con mucho carácter, incluso a veces impredecible, pero era de nobles sentimientos, gran sentido de la justicia y, sobre todo, muy inteligente y muy divertida. Físicamente le parecía una muñeca viviente, no obstante, era su personalidad la que al final le sacaba una sonrisa.
¡Yo me voy a casar contigo, Rucia! - le decía siempre Joaquín, sincero y hasta descarado. ¡Ay, ya basta!, ¡contigo nunca! - respondía Verónica siempre con cara de hastío.
Pararon los años, crecieron juntos, sin embargo, los sentimientos de Joaquín seguían intactos como el primer día que la vió. Para él, Verónica era un sueño, la encontraba indomable, alguien que no se dejaba querer, que apenas lo veía como un vecino y amigo, no obstante, para el joven la racionalidad no ganaba. Pensaba que quizás, decirle tantos halagos y cosas bonitas, esta podría eventualmente darle una oportunidad, pero también sentía que esta jamás le daría un espacio de tener algo más, básicamente porque jamás había pasado nada entre ellos, ni siquiera un roce, apenas le daba el abrazo de año nuevo, que era cortante por parte de ella, lo que le daba entender a Joaquín que simplemente no era correspondido. Eso sí, él sentía que ella si lo apreciaba, ya que mostraba genuino interés cuando este le contaba sus cosas, cuando se reía de sus pésimos chistes y compartían la niñez y posteriormente la juventud como amigos.
Aún sabiendo esta situación desventajosa, Joaquín siempre intenta hacerla sonreír, teniendo presente que a su vecina y amiga le gusta el humor absurdo y reírse de baladas pop, le canta siempre alguna canción de ese género, fastidiando y alegrando a la vez a la joven. Es entonces que, como siempre, va al Minimarket de al frente, en donde sabe que va a encontrarla.
Seré tu amante bandido, bandido / Corazón, corazón malherido / - canta Joaquín mientras entra al minimarket, imitando exageradamente a Miguel Bosé. ¡Ay, ya empezaste! - le dice Verónica con tono sarcástico, sin voltear a mirarlo. Me perderé en un momento contigo / Por siempre / Seré tu héroe de amor / - termina de cantar Joaquín, de dramática y graciosa. Jajajaja, ¿No te da plancha hacer el ridículo, Chino? - le pregunta Verónica con un dejo de vergüenza ajena. No, siempre que te saque una sonrisa - le responde Joaquín, pícaro y sincero. ¡Ay, siempre lo mismo!, cambia un poco el repertorio, ¿ya? - comenta Verónica mientras gira los ojos en tono mordaz. A ver…oye, es idea mía o cada día tus pecas están más hermosas que ayer- dijo Joaquín intentando ser galán. ¡Ay, ya basta!, ¿Qué querí’? - pregunta Verónica con leve impaciencia. Bueno, quiero verte, y…quiero un kilo de pan marraqueta, porfa - inventa Joaquín para tener una excusa perfecta y plausible. Ok - dice Verónica, mientras ella va donde está el pan para pesarlo.
Joaquín la sigue paso a paso, mirando como su rizada y rubia cabellera se mueve a la par con sus pasos, cuando llegan a donde está el pan, la joven lo pone en una bolsa de plástico, para luego ponerlo en la pesa.
Son $250 pesos, Chino - le dice Verónica con seriedad fingida.
Seguido de esto, Joaquín le pasa $300 pesos, por lo que Verónica debe pasarle $50 pesos de vuelto. Mientras la muchacha toma el dinero, lo guarda y busca el vuelto, el joven se la queda milimétricamente mirando, por 10 segundos se quedó viendo atentamente sus tiernas pecas y su piel de apariencia suave, mientras un mechón rubio y rizado se atravesó en su camino. Verónica de repente levantó la vista, mientras estiraba su brazo para pasarle el dinero, ignorando totalmente que su vecino la estaba observando tan fijamente.
Gracias, me voy, nos vemos, ¡preciosa! - se despide Joaquín con una gran sonrisa mientras agita su mano. ¡Chao, Miguel Bosé versión pirata! - dice Verónica burlonamente.
Apenas Joaquín pasa por la puerta del minimarket, Verónica gira los ojos con expresión de impaciencia. Para ella, Joaquín sólo la molestaba, ella lo estimaba, lo conocía desde que era un niño, era casi como un hermano, por lo que le parecía “raro” la idea de casarse con él, como éste siempre le decía. En su mente, era ilógico que alguien entre 10 a 16 años pensara en un compromiso tan importante como casarse, el cual requería amor, respeto y compromiso por ambas partes. Cuando veía a sus padres no sólo se daba cuenta de lo mucho que se aman, sino que además eran mutuamente colaborativos, resolviendo cualquier situación en conjunto y como equipo, también tenían el ritual irrompible de “salir a pololear” al menos una vez al mes, siempre y cuando la casa quedará a cargo de Martín, su confiable hijo. Por lo tanto, ella creía que pensar en “casarse” siendo tan joven era una clara señal de inmadurez.
Respectos de los halagos hacia su apariencia, ella simplemente los obviaba…una parte de ella, muy oscura y triste, de la cual todavía no vamos a hablar, bloqueaba cualquier comentario hacia su físico, le costaba aceptar esos comentarios incluso de sus padres, a quienes amaba profundamente, por lo que si Joaquín alababa su cabello, piel, ojos y rostro, Verónica simplemente omitía los comentarios.
Más allá de aquello, ella se divierte con él, siente que, con su torpeza y habitual distracción, la hace reír y que, además, siempre la ha ayudado cada vez que se lo pide, por eso, aunque a veces la agota, Verónica estima mucho a Joaquín, considerándolo su amigo.
Posted Sep 6, 2025, 8:53 PM UTC