"Devocion en hierro" fanfiction
Este es un fanfiction sin ánimo de lucro. que escribo en ratos libres, inicia simple y se vuelve intenso con cada avance, personajes memorables y una gran historia con varios finales.
La historia completa serán aproximadamente 25 capitulos (aún no está terminada) + contenidos extra.
⚠️ Advertencia: esta historia puede contiener humor negro, gore, manipulación psicológica, traumas y corrupción moral y lenguaje inapropiado. Se recomienda discreción.
Capitulo 1: "Que esconden?" Esta historia transcurre en los sectores perdidos que formaron parte del "imperio de la humanidad" durante la gran cruzada y quedaron resagados despues del Milenio 30, de este lado de la galaxia la luz del emperador se apago tras la caida de Cadia. Sectores sin ley o estructura, olvidados hace mucho tiempo.
El vacío de espacio era una oscuridad hambrienta, y solo los más astutos o los más desesperados se atrevían a surcarlo. La nave de carga Voraz Ganancia era un hogar para ambos. En su puente, el viejo Drogvar observaba los runas de navegación, sus ojos, uno de carne y otro de rojo rubí biónico, reflejando el tenue resplandor. Cada arruga en su rostro curtido contaba la historia de un trato sucio o una huida estrecha. La ruta comercial era rutina, recursos por suministros para mundos hambrientos, un negocio rentable para los piratas.
—Una buena cosecha —gruñó, con una voz áspera como la lija—. No recordaba la última vez que llenábamos las bodegas en una piedra muerta como Drah'ven-4
A su lado, Kael, su sombra silenciosa, incluno su cabeza en tu gesto de afirmativo. Era un coloso de metal cicatrizado y carne pálida, un hombre reducido a la esencia de su función: proteger. Más atrás, Klaad, el hermano menor de Kael, no apartaba la vista de la ventana, hacia el planeta polvoriento que se alejaba.
—Demasiado buena —murmuró Klaad, su tono cargado de una desconfianza que había salvado sus vidas incontables veces—. Garrik, el capataz. Mucho de lo que pidio... no deberia ser util en ese planeta, lo notaste?
Drogvar se volvió, su armadura de cuero gastado crujiendo. —El qué y el por qué son de ellos, muchacho. Nuestras monedas son del mismo metal, brillen o no. Los implantes de Kael no se pagaran con sospechas.
—Insisto —persistió Klaad, mirando a su maestro—. Una incursión nocturna. Con la nave caza, encontrare que estan ocultando.
Drogvar suspiró, un sonido que pareció extraer toda la fatiga del universo. Concedió con un gruñido. Sabía que la paranoia de Klaad valía su peso en oro.
La noche en Drah'ven-4 era un manto gélido y pesado. Klaad, moviéndose como una sombra en su armura teñida de negro, siguió el rastro de los mineros hasta las entrañas del mundo. El aire olía a polvo, sudor y desesperación. Entonces, lo escuchó: no el estruendo tosco de una voladura minera, sino una cadencia de explosiones precisas y potentes, un ritmo casi musical.
Se escabulló entre las rocas hasta vislumbrar la fuente. Una joven, delgada pero con una energía feroz, danzaba alrededor de una carga que acababa de colocar. Su cabello largo y alborotado, tan oscuro como la propia noche, flotaba alrededor de un rostro embadurnado de hollín que brillaba con pura alegría cada vez que una detonación hacía temblar la tierra. Los mineros, hombres endurecidos, la vitoreaban no como a una niña, sino como a una artesana.
Klaad esperó hasta que el trabajo ceso y los mineros se marcharon. La siguió. Y cuando se separó del grupo, fue rápido y silencioso. Una mano enguantada sobre su boca aplicava el sedante, un forcejeo breve, y la arrastró sin resistencia a un deposito abandonado, el aire cargado con el olor a óxido y humedad, la mantuvo atada de manos y boca hasta verla despertar.
—Escucha —su voz era un susurro grave, sin calor—. No intentes nada tonto, solo responde. ¿Cual es tu Nombre?
Al liberarle la boca, ella responde de mala gana. —Nyra Korr
—Esos explosivos. ¿De dónde los sacaron?
—Los hago yo —dijo, con un desafío que no encajaba con su frágil apariencia.
Klaad lo dudó. Revisó su bolsa de herramientas de Nyra: Reconoce muchos de los elementos sospechosos que les habian comprado anteriormente. Piezas de un puzzle que solo encajaba de una manera —Garrik Thane, que clase de coneccion tienes con el?
—Es mi padre —Su mirada aun amenazante—
—Una chiquilla fabricando explosivos, cuesta creerlo... desmuestralo —La libera de sus ataduras y entregá uno de sus propios artefactos, un amasijo de resortes tensos y cables pelados— Desactívalo sin morir en el intento.
Nyra lo tomó sin vacilar. Sus dedos, ágiles y seguros, se movieron con una certeza innata. No titubeó. En la penumbra, Klaad la observó no como a una prisionera, sino como a un maestro artesano en su elemento. Un clic sordo marcó el fin de la prueba. El silencio que siguió era más elocuente que cualquier explosión.
Klaad recogió el artefacto inerte. —Si no tuvieras que mendigar materiales... ¿cuántos podrías hacer de estos? —preguntó, su mente maquinando la oportunidad—. Conozco a gente que pagaría bien por esto. Mejor que por el sudor de esta mina.
—No fabricare explosivos para piratas!—Renego Nyra con furia—
—Rie como si hubiera escuchado un chiste— Y luego morir de hambre? o esperar que saqueadores los maten a todos? Viven como ratas escondidas bajo tierra.
El conflicto cruzo el rostro de Nyra. La promesa de una vida mejor chocaba con la desconfianza hacia este extraño. Pero la luz en sus ojos delataba su respuesta antes de que sus labios la formaran.
—¿Cuántos necesitas?
—Doscientos, en quince días. —Le entregó una libreta y boligrafo—. Anota lo que necesites.
Un dia despues, tras recibir los materiales, Nyra se puso en marcha, trabajo en las minas durante el dia y en fabricar explosivos durante las noches, el primer cargamento fue imperfecto. Solo ciento cuarenta, eran pocas. Pero fue suficiente. En el mercado sombrío del planeta Pagus Parva, Drogvar, con la labia de un veterano, organizó una demostración. Un explosivo es colocado en una enorme roca cercana, el estallido retumbo en el aire y sacudió el piso, la roca no se partió; se pulverizó, y con ella, cualquier duda. La venta fue un frenesí, Las ganancias abismales, poco tiempo les tomo agotar el producto.
De vuelta en las minas, Klaad apareció en el mismo deposito abandonado, una caja de madera entre sus manos. El chas de la tapa al abrirse resonó como un trueno. El brillo del metal precioso iluminó el rostro sucio de Nyra, haciendo brillar sus ojos con un reflejo dorado.
—Es... es demasiado —susurró, alargando una mano temblorosa.
—Klaad cerró la caja— Solo es el sesenta por ciento de lo que hubieras ganado, quiero creer que algo te detuvo.
—Ella asintió, avergonzada— Mi laboratorio sufrió daños.
— Muestramelo —La sigue hasta llegar y ver que hay tras la puerta
Su laboratorio era un santuario de chatarra y genialidad. Herramientas caseras, artefactos viejos cubiertos de óxido, frascos con líquidos corrosivos, planos antiguos y manchados.
—¿Quién te enseñó? —preguntó Klaad, al ver fechas de casi un década en los planos—
—la voz de Nyra se quebró y se carga de tristeza— Mi madre...
—Extrañado por la reacción— ¿Dónde está ella?
— Escasearon los suministros hace tres años... el hambre... ella estaba débil... los explosivos... Un error... —Las lágrimas en su rostro reflejaban la luz de la lámpara de aceite—
Klaad guardó silencio. Por un momento, no vio un activo, sino el reflejo de su propia lucha por sobrevivir —El pasado es lastre. —Le puso una mano firme en el hombro—. Hoy veras mas halla de este planeta.
La llevó, junto al imponente Kael en la nave caza, ella lo confunde con un servidor hasta notar el trato cercano que estos tienen. Llegan al mercado del planeta Nullakar donde las capas blancas ocultaban identidades y pecados. Su destino era la armeria de Enginseer Octavian-C39, un tecno-sacerdote de aspecto grotesco, tres visores por un lado y un único mas grande al otro lado de lo que debería ser su rostro, múltiples tubos saliendo de sus fauces, una distintiva capa roja cubierto lo que debería ser su cuerpo, el aire olía a incienso aceitoso y carne quemada. Klaad entrega la lista de elementos que se necesitan para el nuevo laboratorio. —Octavian-C39 envía a un subordinado quien rebusca entre almacenes y vuelve con todo lo necesario— Es lo mejor que puedo darte por ahora —Observa detenidamente los implantes de Khael— Aun me deben demaciado. —Klaad agacha la mirada un momento y vuelve a fijarla en rojo intenso de los visores de Octivan-C39 — Cumpliremos con el trato —Entrega la caja de madera— Un pago inicial este equipo Octavian-C39 mira el interior dorado de la caja antes de aceptarla, Nyra se altera al ver desaparecer su paga, es frenada en seco por el frio metal de la mano de Khael en su hombro dejando claro el mensaje "Callate" —Ya de vuelta en la nave Nyra reclama— Esa era mi paga! —Era el precio de tu futuro —replicó Klaad, forzando una relación de trabajo mutuo por una deuda ahora compartida— De regreso, cargados con herramientas que parecían sacadas de una forja marciana, tras descargar las cajas, Kael se retira a recargar sus implantes en la nave, mientras montaban el nuevo laboratorio, al salir de este la cara de Klaad fue sacudido por el puño Garrik, envuelto en ira y preocupación, blandiendo un pico. —¡¿QUÉ HACES CON MI HIJA?! Logra reponerse y enfrentarlo, la experiencia de Klaad en peleas le da la ventaja, en solo unos segundos logra reducir al enorme minero con una llave de cuello. Garrik despertó atado y fue Nyra quien le puso al tanto de la situación hasta lograr calmarlo, Klaad no hizo amenazas. Volcó las monedas restantes sobre la mesa. —Hagamos negocios. El talento de ella vale mas que todo lo que hay en este planeta. Puedes esperar que la historia se repita, o puede ayudarla a florecer. Elija.
Fue la crudeza de Klaad, no su violencia, lo que convenció a Garrik. El hombre no perdió el tiempo y puso al tanto a los demás de la situación.
El asentamiento subterráneo se movilizó. El nuevo laboratorio de Nyra zumbó con una energía renovada. Los próximos cargamentos fueron cada vez mejores y más innovadores, explosivos más pequeños, más potentes y elegantes, las cantidades fabricadas aumentaban con cada cargamento, durante los próximos meses. Las deudas de los piratas comenzaban a disiparse.
La victoria fue efímera.
Los tres piratas vuelven una vez más Nullakar, Drogvar y Kael en la armería de Octavian-C39 ajustando sus implantes y tras pagar parte de la deuda, marchan hacia la Nave de carga. Al otro lado de la ciudad Klaad terminaba de cargar componentes para los explosivos en la nave Caza. El día se oscureció de golpe, no por la noche, sino por naves de chatarra cubrían el cielo. El sonido del WAAAGH! rasgó el aire, seguido por el estruendo de los cañones de defensa y las explosiones cubriendo el firmamento. Desde lo alto caían las cápsulas de desembarco invasoras, estrellándose contra el hangar principal y destrozando miles de naves, los pieles emergieron de entre llamas lanzándose al combate, contra miles de encapuchados sin salida forzados a enfrentarlos.
El comunicador de Klaad crepitó con la voz distorsionada de Drogvar: —¡El carguero esta destruido! ¡Tráenos...! —La transmisión se cortó en un estallido de estática.
Klaad roba un vehículo y se abre paso hasta ellos. Encontró a Drogvar apoyado contra una pared, su preciosa puntería biónica destrozando cráneos verdes, y a Kael, su cuerpo metálico absorbiendo disparos que habrían matado a cualquier hombre, su escopeta-integrada rugiendo un canto de guerra.
El camino de regreso a la nave fue un calvario, las calles infestadas de combates, vehiculos en llamas por todas partes tiñiendo el aire de espeso humo negro, Klaad conduce entre el caos, Drogvar y Kael disparan desde las averturas eliminando posibles amenazas, un derrumbe cierra el camino frente a ellos, los fuerza abandonar el vehiculo, continuan la marcha a pie estando muy cerca. Drogvar avanza al frente limpiando el camino, Klaad detrás de cuidando los laterales y al fondo Kael avanza de espaldas cargando una ametralladora pesada protegiendo la retaguardia. un orko surgió de las sombras y clavó una cuchilla dentada en el abdomen de Drogvar. Klaad voló la cabeza del xeno de un disparo, se recarga a su moribundo maestro sobre los hombros. Kael al percatarse, se plantó solo contra la marea verde para darles una oportunidad de llegar a la nave, toma una cobertura, su arma escupiendo fuego hasta que el sonido fue ahogado por los alaridos orkos. Klaad logra llegar a la nave, deposita a su maestro en el asiento de piloto y se apresura a intentar volver por su hermano. Incluso en su penoso estado el viejo se las arregla para iniciar la secuencia de despegue. Los orkos avanzan, la cobertura de Kael es desecha entre los disparos, su cuerpo metálico se cubre de chispas y perforaciones al recibir daño de todas las direcciones. Drogvar lo veia desde la cabina, rugió con resignación "ESTA PERDIDO!" La compuerta del caza se cerró. La nave se elevó entre llamas y humo negro. Klaad, con los nudillos blancos en los controles, miró el fuego que consumía a su hermano. No hubo gritos, solo un silencio profundo y amargo, rotos los jadeos de rabia de Klaad, siendo devorado por la furia y la pérdida.
Ahora eran un viejo pirata malherido y un hombre con una deuda de sangre. Todo lo que tenían era un caza raquítico y el nombre de una joven prodigio en un mundo olvidado, era una chispa. Tan frágil como la única esperanza que les quedaba.
Capitulo 2: "Segunda oportunidad" El silencio en la cabina de mando era más ensordecedor que cualquier explosión. Solo era roto por el jadeo irregular y húmedo de Drogvar. Klaad lo tendió en el suelo de metal frío, sus manos, entrenadas para la violencia, ahora temblaban levemente al buscar el maletín médico de emergencia. El olor a sangre fresca, ozono quemado y sudor frío saturaba el aire reciclado.
—Aguanta, viejo —murmuró Klaad, presionando una gasa de coagulante sobre la herida abdominal, una puñalada sucia y profunda—. no puedes morir.
El cauterizador portátil siseó al contacto con la carne, sellando los tejidos desgarrados con un sonido y un olor que hicieron rechinar los dientes de Klaad. Drogvar arqueó la espalda con un gruñido de agonía, sus ojos, el orgánico y el biónico parpadeando de forma errática, se clavaron en su aprendiz.
—El… cargamento… —logró escupir, cada palabra una batalla—. Es… todo lo que… nos queda. Drah’ven-4… Ve…
Klaad asintió, la mandíbula apretada. Programó las coordenadas con movimientos bruscos, la nave sumergiéndose de nuevo en la disformidad por un salto corto y brutal, el viaje más agonizante de su vida.
La llegada al planeta minero fue sombría. La compuerta se abrió con un gemido hidráulico, revelando a Garrik Thane y un puñado de aldeanos armados con herramientas y caras llenas de aprensión. La visión del cuerpo ensangrentado de Drogvar los hizo actuar. Con una urgencia silenciosa, lo trasladaron a la enfermería de la colonia, una habitación escueta pero limpia, iluminada por lámparas de queroseno.
Horas más tarde, Erexa la médica local habló sin levantar la voz: —Su implante cardíaco está dañado. Logramos estabilizar su pulso, pero su sangre… no retiene oxígeno por sí sola. No hay mucho más que podamos hacer.
Klaad: ¡Tienen que hacer algo!
Un débil sonido escapó de la camilla. Drogvar había abierto su ojo natural, una rendija de conciencia en un mar de dolor. —Cállate… chico —susurró, una sonrisa fantasmal tocando sus labios pálidos—. Mi deuda… con este universo… está pagada. Eh vivido mas…de lo que merecía. Se tomó un momento, respirando con dificultad, como si cada palabra costara. Hizo una pausa, jadeando por el escaso aire que los pulmones colapsados podían tomar. —Te enseñé… todo lo que sé… —Una mano temblorosa buscó la de Klaad—. Estoy… orgulloso… del hombre… en que te convertiste.
Klaad apretó esa mano fría, sintiendo la última fortaleza del viejo pirata desvaneciéndose entre sus dedos. El ojo de Drogvar se cerró lentamente, su pecho dejó de luchar. La máquina de transfusión emitió un pitido largo, plano y final, que cortó el aire como un cuchillo. El silencio que dejó fue absoluto.tras 214 años Drogvar habia muerto.
Los días siguientes fueron un vacío. Garrik le cedió un viejo depósito en las minas, y allí permaneció Klaad. Apenas comía. La barba crecía descuidada y su armadura seguía manchada de polvo y sangre seca. Una fotografía arrugada descansaba sobre la mesa: él, más joven, junto a Kael, aún con parte de su cuerpo intacto.
Al cuarto día, un golpe en la puerta. —Soy Nyra —dijo una voz juvenil—. Quiero que hablemos.
Klaad no se movió, pero respondió: —Puedes entrar.
La joven entró y notó cómo el aire estaba cargado de una tristeza densa. Sus ojos se posaron en una foto. —¿Este era tu hermano? —Sí. Así se veía hace unos años. —¿Qué le pasó? —Siempre me protegió. Cuando las cosas se ponían feas, él iba delante… era terco. —Te apreciaba mucho. —El bastardo juró que me protegería hasta el final… y lo cumplió.
Nyra, intentando cambiar el peso del momento...
—Estuvimos trabajando con los materiales que trajiste. Tenemos casi tres mil explosivos listos… hice mejoras. Quiero que los veas.
Klaad suspiró. —Dame un momento.
Nyra salió y esperó cinco minutos. Cuando Klaad emergió, se había limpiado la cara y llevaba puesta su armadura ligera, aunque aún se notaba la sombra de su duelo.
Lo llevó a un rincón de la cueva. Allí, sobre una mesa, reposaban explosivos rojos, amarillos y un nuevo modelo desconocido para él. Nyra perforó varios agujeros en las rocas y colocó los explosivos, sus manos temblaban. —Añadí nuevos aditivos. Son un poco más potentes que antes.
Nyra detonó la primera carga, un estallido nítido retumbó en la caverna. … El temblor de sus manos cedió y una sonrisa enérgica iluminó su rostro, las demás explosiones continuaron, ella danzaba llena de vida.
Klaad, contra todo pronóstico, sintió que algo de esa energía le atravesaba la coraza de amargura. Siguió observando mientras ella hablaba rápido, emocionada, a veces titubeante sin saber explicar, presentando cada mejora como si fuera un tesoro.
Cuando regresaron al centro de la aldea, Garrik les esperaba junto a cajas repletas. —Al fin sales, muchacho. Estas cosas no se venderán solas.
Klaad miró los explosivos y a los aldeanos listos para escoltarlo. Subieron todo a la nave y partieron hacia un mundo lejano. Allí las ventas fueron rápidas y la ganancia, sustanciosa, la compra de provisiones dejaron de ser un problema.
Pasaron 3 meses, la producción creció, y las mejoras de Nyra diversificaron las opciones. El asentamiento comenzó a cambiar, tomaba la forma de una aldea: las cuevas se llenaron de luz, los depósitos rebosaban, y en cada rincón se respiraba algo nuevo. No era sólo prosperidad. Era… una segunda oportunidad.
Un día más, el viaje debía ser rutinario. Klaad pilotaba con calma mientras Nyra revisaba la lista de inventario y tres mineros cargaban la bodega con mercancías destinadas al mercado. Las ventas fueron rápidas y sustanciosas. Y justo cuando pensaban emprender el regreso, el cielo se oscureció con la silueta de un convoy.
No eran patrullas locales. Eran naves de combate, muchas de ellas.
Los motores de la nave de Klaad rugieron en un intento desesperado por escapar, pero las señales de bloqueo y las luces rojas en los controles sellaron su destino. Fueron rodeados, enganchados y arrastrados como presas indefensas.
Despertó con un dolor sordo en la cabeza. Sus brazos estaban inmovilizados detrás de la espalda, las rodillas hundidas en un piso metálico helado. La bolsa negra que le cubría la cabeza fue arrancada de un tirón, y la penumbra de la sala se disipó lo suficiente para revelar la figura frente a él.
—Al fin te encuentro —dijo una voz metálica, distorsionada por un modulador lleno de ira.
Klaad parpadeó. —¿Octavian…? Estás vivo. Creímos que la ciudad había sido arrasada.
El tecno-sacerdote avanzó un paso, y las luces parpadearon sobre su figura cubierta de placas y tubos respiratorios. —La mayoría, quizá. Pero nosotros… resistimos.
—En mi bolsa está lo que buscas. Tenemos todo el dinero.
Octavian lo observó en silencio. El eco de sus pasos mecánicos resonaba como martillos sobre un ataúd.
—¿Qué esperas? Solo toma el dinero y déjanos ir.
Octavian-c39 ni siquiera extendió la mano hacia la caja de pago. Sus ojos mecánicos se clavaron en Klaad. —He perdido mucho personal en el ataque. Necesitaré nuevos voluntarios.
Su mirada se desplazó hacia Nyra, evaluándola como un trozo de maquinaria valiosa. —Y escuché de su interesante negocio. La chica tiene talento.
Hizo un gesto con la mano, y los guardias cerraron el círculo con un chasquido de armas cargándose, someten a ambos contra el piso, les colocan collares explosivos en el cuello. —Ahora me pertenecen.
Los guardias los arrastraron, llevandolos en distintas naves. Lagrimas caen de los ojos de Nyra, llamando a Klaad con desesperación, antes de ser separados, rumbo al abismo.
Capítulo 3: "Pricioneros" Los meses siguientes fueron un descenso a un infierno sin retorno. Klaad fue asignado al escuadron ejecutor, uno de tantos grupos de prisioneros que hacian el trabajo sucio en misiones de alto riesgo como captura de deudores, asesinato de competidores, protección de la fortaleza y obtención de materiales raros. Cada operación lo endurecía más, desarrollando reflejos letales y un instinto de depredador. Las cicatrices se acumulaban en su piel como medallas de una causa ajena.
Nyra, en cambio, fue confinada a los laboratorios. Al principio temblaba y se paralizava con cada orden, pero pronto el miedo dio paso a otra cosa: fascinación. El lugar supera cualquier cosa que hubiera imaginado. Maquinaria colosal, diseños de armas imposibles, tecnología prohibida que solo un tecno-sacerdote debía conocer. Su mente absorbía todo como una esponja. Inicialmente trabajó con armas de explosivos como granadas, lanza cohetes y cargas detonantes, poco tiempo le tomó comprenderlos e incluso mejorarlos. Octavian-C39 reconoció el enorme potencial de la joven, le enseñó el idioma del mecanicus, comprender los esquemas antiguos, la introdujo en el diseño y mejora de armas, le nutrio con todo su conocimiento.
Pero el precio era alto.
Una mañana, Octavian la llevó a una sala de pruebas. —¿Quiénes son ellos? —preguntó Nyra al ver a varios prisioneros atados de manos contra un muro, cada uno con un blindaje distinto.
—Deudores y traidores. Demuéstrame en qué has estado trabajando.
Frente a ella, un rifle láser modificado por sus propias manos. Temblaba aterrada ante la idea jamás había matado a nadie, pero el miedo a lo que podría pasar era mucho más grande.
El temblor y las dudas cesaron de golpe, tomó el arma y jalo el gatillo sin vacilar. El disparo atravesó el antiguo traje militar de un prisionero con una perforación tan limpia que la luz de la sala se veía a través del agujero. La mirada de Nyra brilla ante un estímulo tan elevado, su rostro deja de verse cansado y se llena de vida.
—Resultado positivo. Próximo objetivo.
Disparó una y otra vez. Cambió de arma. Probó proyectiles, cargas explosivas, rayos cortantes. A veces contra objetivos ya muertos, solo para observar el comportamiento del blindaje y los daños en la carne. La sensación era embriagadora, una sonrisa temblorosa llenaba su rostro y el brillo de sus ojos era intenso. Luego… empezó a tomar notas, comparaciones, ideas, a perfeccionar. Los meses fueron pasando, el tecno-sacerdote sigue enseñando, inyectando tanto conocimiento en ella como le es posible, como si fuera una necesidad, Nyra no solo era buena aprendiendo, su capacidad de razonar era fuera de lo común, ella podía encontrar patrones donde nadie lo veía, crear soluciones creativas y métodos no convencionales para encontrar soluciones, planos que llevaban siglos estancados comenzaban a ser descifrados.
Octavian la observaba, satisfecho. —Sacrifiqué mucho para obtener esos planos. Más aún para entenderlos. Es el trabajo de toda una vida. Tú no solo los entiendes, los superas.
Nyra bajó la mirada, respira profundo cuidando cada palabra. —Solo hago mi trabajo...
El tiempo castigaba, los temores de Nyra comienzan a nublar su mente al final de cada día ¿que ocurre en el asentamiento? ¿qué ocurrió con Klaad? ¿qué pasaría con ella cuando dejara de ser útil? cada día era peor que el anterior, la culpa y el remordimiento la devoraban. El tecno-sacerdote parecía burlarse de ella dándole mejor comida y una mejor cama donde lamentarse.
—Creo que te presione demasiado. Tengo una recompensa para ti —Dijo Octavian-C39 dio una orden a sus guardias con un gesto de sus manos.
La puerta se abrió, y Klaad entró. Nyra sintió cómo las lágrimas le llenaban los ojos antes de correr a sus brazos. Él la sostuvo con una fuerza que solo alguien que había sobrevivido demasiado podía tener. Ella lo miró. Más robusto. Cicatrices nuevas. Su expresión ya no era la del joven astuto que conoció, sino la de un depredador que había visto demasiada sangre.
—Un ciclo lunar—anunció Octavian, con voz gélida— Ese es su premio. No escapen o lo sabré.
Se habían reencontrado. El día libre se desvanecía con rapidez, y lo único que ambos deseaban era un lugar lejos de oídos y ojos. Se refugiaron en una habitación mugrosa de un hotel de tercera, donde las paredes estaban cubiertas de grietas y el zumbido de un ventilador viejo llenaba el silencio.
Nyra estaba roja mirando a Klaad, un cosquilleo recorre su cuerpo, tanto tiempo de encierra hizo que ideas nuevas recorrieran su mente
Tomó un respiro su mirada se volvió fría y serena, tomó la iniciativa, hablando con un tono bajo pero seguro: —Podemos hablar libremente. Los collares explosivos no tienen micrófonos, ni transmisores de audio. —Lo dijo como si los conociera perfectamente.
Klaad la miró, frunciendo el ceño. —¿Cómo lo sabes?
—Algunos de los prisioneros que ejecuté todavía los llevaban puestos. Me tomó semanas estudiarlos… hasta entender su funcionamiento. Solo tienen un localizador, la carga explosiva y un receptor para recibir la señal de detonación remota. También tiene sensores que los harían explotar si intentas forzarlos.
Klaad desvió la mirada. —Ese último detalle lo noté… —murmuró— Vi a más de uno perder la cabeza por intentarlo. Logré ganarme la confianza de varios prisioneros usando señas. Pero no sirve de mucho. Solo nos dan armas para las misiones y los guardias de Octavian están mejor equipados que nosotros, cualquiera de ellos puede activar el detonador en un segundo. Klaad contó algunas historias y vivencias que tuvo en el escuadrón ejecutor, los compañeros que conoció y los que fueron separados del grupo, describió a varios de ellos.
Nyra lo escuchó sin interrumpir. Cuando Klaad terminó, sus ojos se nublaron. —Varios de los prisioneros que tenían el collar durante las pruebas… debieron ser tus compañeros... lo siento.
Klaad la observó un instante, comprendiendo el peso de lo que implicaba. Hubo un silencio áspero, cargado de imágenes que ninguno quería verbalizar. —¿Lograste preparar algo? —preguntó finalmente.
—Sí. —Sacó un pequeño artefacto improvisado: circuitos soldados de forma rudimentaria, una batería y cinta aislante. Lo sostuvo como si fuera algo frágil. —Si lo acercas al lado izquierdo del collar, dañará el sistema de detonación. La carga del collar solo explota con el pulso eléctrico del detonador… no se activará por un golpe o un disparo. Una vez destruido el detonador, estarán seguros.
Klaad lo tomó con cuidado, evaluando su peso. —Es un comienzo… pero no es suficiente. Desde el ataque de los Orkos, Octavian ha expandido su seguridad. Incluso con el equipamiento de los guardias, no llegaríamos lejos.
Nyra respiró hondo, como si llevara semanas guardando la siguiente pieza del plan. —Durante ese ataque, muchas cámaras del laboratorio quedaron dañadas y no han sido reparadas. Existen puntos ciegos… ahí puedo trabajar sin que me vigilen. He hecho pruebas en secreto. Si me das unas semanas, podré preparar armas y blindajes capaces de sacarnos de aquí.
Klaad asintió lentamente. —Entonces hay que reunir a los prisioneros en el laboratorio. Con tus armas y esos blindajes… tendremos una oportunidad real.
El resto del tiempo lo pasaron trazando el plan, midiendo riesgos, calculando rutas y sincronizando detalles. Afuera, el ruido de la ciudad se filtraba por la ventana, pero aquí dentro el aire estaba cargado de una única certeza: su descanso había terminado.
Ambos volvieron a sus actividades, ocultando su conspiración detrás de rutinas falsas, como sombras que aguardaban el momento exacto para moverse.
Las próximas semanas continuaron con sus rutinas, Nyra mejoro su rendimiento en las investigaciones, el tecno-sacerdote venía personalmente a felicitarla en ocasiones, esto genera sensaciones encontradas en ella, una extraña sensación de odio y admiración, los conocimientos que este le enseñaba eran cada vez más avanzados. Un dia Octavian reveló algo imposible y fascinante, brillaba con luz propia como si estuviera vivo, ella quedó atónita al verlo, era enorme y majestuoso.
—Es... un cristal de energía? —La radiante luz se reflejaba en sus ojos e ilumina el laboratorio
—Afirmativo —Sentencio Octavian-C39.
—Pero... no tiene sentido se requiere un planeta industrial entero y máquinas casi imposibles para generar los pulsos de energía necesarios para crear un cristal del tamaño de una semilla, esta cosa es — observa el enorme cristal, casi del tamaño de un melón como un elemento imposible que no debería existir.
—Es posible, aprenderas la manera —Octavian enseña a su joven aprendiz, el mayor logro de su vida, algo tan prohibido como poderoso. En el centro de la sala de un pilar de cristal, una cámara de vacío con poderosos imanes hacían flotar un elemento antinatural, fluye como líquido y gaseoso al mismo tiempo, partículas similares a perlas fluctúan sobre sí mismas. Octavian-c39 lo nombró a su semejanza el "Compuesto-C39"
Nyra se siente iluminada con este conocimiento, mucho de lo imposible se vuelve alcanzable, la infinitas posibilidades inundan su mente como hasta abrumarla. Le toma varios segundos calmar su ansia y poder hablar con calma.
—Es un descubrimiento increíble, pero tengo mucho por terminar aun —Intenta no demostrar el interés y persuadirlo para que se marche.
—Octavian se marcha satisfecho, reconoce su capacidad, todo lo que le enseñó ella lo asimila, lo adapta, lo mejora y espera ese momento.
Nyra continua sujeta al plan de escape, sutilmente da avances a cuenta gotas de las mejores armas y blindajes que desarrolla, pero estos son proyectos terminados, los prueba en los puntos ciegos del laboratorio. Luego reemplaza piezas funcionales por defectuosas para presentarlos como prototipos defectuosos, mientras construye los necesarios.
Posted Sep 26, 2025, 12:01 AM UTC