El mejor Halloween de mi vida!

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Me llamo Octavio, tengo 26 años y lo que pasó esa noche no lo planeé ni en mis sueños más sucios. Habíamos ido un grupo grande a una fiesta de Halloween en una finca enorme. Entre los amigos estaba Arturo y su novia Karen, a quien todos le decimos “la Bichota” por razones que cualquiera entiende con solo verla: un cuerpo de escándalo, cintura de avispa y un par de tetotas. Esa noche llegaron disfrazados de Spider-Man en pareja. Él con el clásico rojo y azul; ella con el negro de Spiderman, ese traje brillante que se le pegaba al cuerpo como segunda piel. Se le transparentaba la silueta de su tanga y el contorno de su panocha estaba tan marcado que parecía pintado a mano de esas que apenas cubren los labios, solo un triangulito de tela y dos hilos que se perdían entre sus nalgas. Imposible no mirarla. Imposible no comérsela con los ojos cada vez que pasaba cerca. La fiesta estaba en su apogeo: música a todo volumen, alcohol corriendo como río y un detalle cabrón que lo cambió todo: solo había dos baños para más de cien personas. Las filas eran eternas. Los hombres ya ni pedíamos permiso, salíamos a mear en árboles, postes, donde se pudiera. En una de esas idas al baño me topé a Karen en la fila, cruzando las piernas, a punto de reventar. —Octavio, por favor, acompáñame afuera, ya no aguanto —me soltó con esa vocecita urgida que me puso alerta al instante. Salimos. Afuera estaba lleno de vatos haciendo lo mismo, fumando, platicando. Dimos una vuelta hasta encontrar un baldío oscuro. Ella iba casi corriendo. —Bájame el cierre, rápido —me pidió, dándome la espalda. Bajé la cremallera lentamente y el traje se abrió como una flor. Corrió unos pasos, se agachó y empezó a hacer pipí. Estaba tan oscuro que apenas se veía un carajo, pero el sonido y la idea de que Karen, la inalcanzable Karen, estaba ahí con el coño al aire a dos metros de mí… me puso la verga como piedra. Intenté ser caballero, mirar al cielo, cuidarla por si alguien se acercaba. Pero el morbo me comía vivo. Cuando terminó: —Súbemelo otra vez, porfa. Al subirle el cierre noté que no traía brasier. Sus tetas se movían libres bajo la tela, los pezones duros marcándose como si gritaran “tócame”. Regresamos a la fiesta. Yo ya no era el mismo. No le quitaba los ojos de encima. Cada vez que la veía incomodarse, cruzando las piernas o apretando el abdomen, mi mente volaba: “va a salir otra vez”. Y salió. Varias veces. Una con Arturo, pero las demás… las demás las intercepté yo. Como león acechando a la presa. En cuanto veía que le pedía a Arturo que le bajara el cierre y él, ya bien pedo, la ignoraba, yo aparecía como por arte de magia. —¿Te acompaño? —Dale —me decía con una sonrisa cansada pero cómplice. Estábamos ya en el baldío cuando me dijo: —Octavio, qué pena contigo… se me olvidaron las toallitas húmedas en la bolsa. ¿Me las traes? Cuando regresé, ella tenía la linterna del celular encendida apuntando al suelo. El traje estaba bajado hasta la cintura y sus tetas, Dios mío, sus tetas enormes estaban ahí, iluminadas, perfectas, los pezones paraditos por el frío. Me acerqué a darle las toallitas y ella, en lugar de cubrirse, fingió que miraba a otro lado “para no verme mirar”. Pero yo vi todo. Y ella sabía que yo veía todo. Después de eso la noche se puso más loca. Todos ya iban bien pedos. La finca tenía alberca, pero hacía un frío del carajo. Aun así, de broma empezaron a aventar gente al agua. Arturo, en su borrachera épica, pensó que sería gracioso lanzar a Karen. Ella gritaba “¡no mames, no!” pero nadie le hizo caso. Plop. Adentro. Salió empapada, furiosa. El traje negro pegado al cuerpo se volvió totalmente transparente. Se le veían las areolas perfectas y esa tanguita roja diminuta que ahora, mojada, se había metido completamente entre sus labios: parecía que llevaba solo un hilo rojo perdido en su raja, el clítoris apenas cubierto y todo lo demás al aire. En lugar de reírse como los demás, se enojó de verdad con Arturo, que ni cuenta se daba. Yo, todo un caballero (o eso me dije), me quité el suéter y se lo ofrecí. —Toma, estás temblando. —Sabes qué, Octavio… mejor pídeme un Uber —me dijo, los dientes castañeteando. —¿Estás loca? Te llevo yo, no te voy a dejar ir sola en Uber así. Discutimos un rato, pero gané. Caminamos al carro. Ella iba encabronada, con el clásico “mírame y no me toques”. Le abrí la puerta del copiloto. —Voy a mojar tu carro, ayúdame a quitarme esta mierda de disfraz. —Quítatelo adentro, afuera hay un chingo de gente y te van a ver. —¿Y qué me importa la puta gente? Quítamelo. Sin más, se bajó el traje hasta los tobillos ahí mismo, en el estacionamiento. Sus tetas salieron al aire libre como liberadas. Yo, en shock, la tapé con mi chamarra mientras ella se quedaba solo con esa tanguita roja diminuta, empapada, pegada a su coño como si estuviera pintada de rojo sobre la piel. Subió al carro oliendo a cloro y enojo. Puse la calefacción a tope. Empezó a llorar bajito. Le puse la mano en la pierna para consolarla. La quitaba. La volvía a poner más arriba. La quitaba. Insistí hasta que mis dedos rozaron el borde de su tanga. Ella no decía nada, solo miraba por la ventana, respirando fuerte. Llegamos a su casa. Se quitó la chamarra para devolvérmela. —No, quédatela, ya me la das cuando me veas. —Gracias, Octavio. De verdad… gracias por todo. Iba a bajarse. Entonces pasó. Se quitó la chamarra despacio, dejando sus tetas al aire una última vez. Me miró fijo a los ojos, con una mezcla de rabia y algo más. —Sé que me ayudaste por otro motivo. Pero te equivocaste de mujer, yo no soy así. Y justo cuando pensé que todo había terminado, se bajó esa tanguita roja diminuta de un jalón (tan chiquita que cupo perfecto en su puño), la hizo bolita y me la aventó a la cara. —Para mi héroe —me dijo con una sonrisa pícara—. Úsala de antifaz. Bajó del carro desnuda, caminando tranquila hacia su puerta como si el mundo le perteneciera, dejando su disfraz olvidado en el asiento del copiloto. Y yo me quedé ahí, con su tanga caliente y mojada en la mano, oliendo a ella, sabiendo que ese había sido, sin duda, el mejor puto Halloween de mi vida.

Posted Nov 14, 2025, 6:55 PM UTC

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