Mi Secreto con mi Sobrina Mariana Parte 2
y Mariana aceptó con una sonrisa que ya me ponía nervioso. El primero de enero fuimos al río para el tradicional paseo de olla. El sol pegaba fuerte, el agua olía a tierra húmeda y el aire estaba cargado de risas familiares. Mientras ellas se metían al agua, yo me quedé en la orilla preparando el sancocho, pero mis ojos no podían dejar de seguir a Mariana. Su traje de baño se pegaba a su piel mojada, marcando cada curva: esos pechos llenos rebotando con cada salpicadura, el agua resbalando por su abdomen plano hasta su entrepierna, donde se dibujaba un bulto hinchado que me aceleraba el pulso.
Aprovechaba los momentos en que nadie miraba para devorarla con la vista, sintiendo un calor prohibido subir por mi cuerpo. "Es como mi sobrina", me repetía, pero el deseo ya me traicionaba: imaginaba mis manos en esa piel fresca, oliendo su aroma dulce mezclado con el río. Ella se acercó, goteando agua fría que salpicaba mis pies: "¿Por qué no te metes, tío?". Su voz era suave, casi un susurro juguetón. "Estoy con el almuerzo, más tarde", respondí, pero mis ojos bajaron sin querer a su entrepierna. Se notaba la forma de sus labios hinchados bajo la tela delgada. Ella lo vio, se sonrojó, pero no se movió; en cambio, se dio la vuelta lentamente, regalándome una vista de su culo perfecto, redondo y firme, con gotas de agua resbalando como invitación. (P1)
Mi mente se llenó de fantasías: su cuerpo desnudo contra el mío, el sabor salado de su piel. Tuve una erección inmediata, el pantalón apretando dolorosamente. Llamé a almorzar 20 minutos después. Formamos un círculo en la arena caliente, y Mariana quedó de frente a mí. Cada vez que movía las piernas, el traje se abría un poco, dejando ver sus labios hinchados y húmedos. El olor a sancocho se mezclaba con el suyo – dulce, excitado. Ella notó mi mirada fija y, en vez de cerrar las piernas, las abrió más, moviéndolas con un ritmo deliberado. Sus ojos se clavaron en los míos con una chispa traviesa; sabía que me torturaba, y le gustaba.
Más tarde me metí al río, el agua fría calmando un poco mi arrechera. Mariana se acercó nadando: "Enséñame a nadar, tío". Eliana advirtió: "Cuidado con lo profundo". Extendí mis brazos, y ella colocó su abdomen en ellos. Sentí su piel suave, caliente pese al agua, su peso ligero pero excitante. Mientras chapoteaba, sus tetas rozaban mis brazos, duros y calientes, enviando corrientes eléctricas directo a mi verga. Se endureció al instante, latiendo contra su pierna. De pronto, su mano bajó por mi abdomen, suave y lenta, explorando. Me miró riendo: sabía lo que hacía.
Posted Jan 14, 2026, 3:11 AM UTC