La Diosa Despierta [F18M18] [Public] [Dry Humping] [Overclothes] [Soft Core]

NSFWI'm New Here!

Caminábamos de la mano por el parque, pero para mí no era un paseo; era una procesión por el corredor de una prisión invisible. En esa época, mi castidad era una condena autoimpuesta, una jaula de cristal donde intentaba guardar una pureza que ya me quemaba la piel. Tú eras simplemente el guardián de una inocencia que yo misma empezaba a detestar.

Te sugerí que nos recostáramos en el pasto, buscando que el peso de la tierra silenciara el rugido que sentía por dentro. Pero al rozar tus labios, el paraíso comenzó a agrietarse. Lo que empezó como un contacto dulce se transformó pronto en la primera chispa de un incendio que no planeaba apagar.

Llevé mi mano a tu entrepierna, por encima de la ropa, y sentí tu miembro como un animal enjaulado intentando romper los barrotes de tela. Mis latidos se convirtieron en una marcha de guerra que retumbaba ahí abajo, en ese centro prohibido donde el cosquilleo virginal moría para dar paso a una palpitación hambrienta y real.

Aunque ya había conocido a otros hombres, mi verdadera intimidad siempre había sido conmigo misma. Estaba acostumbrada a tocarme sola, a usar muebles, peluches o almohadas para encontrar mi propio ritmo; objetos sin voluntad que solo servían a mis propósitos. Por eso, tomar el mando sobre ti me resultó tan natural: estaba acostumbrada a ser yo la única que se movía para arrancar el placer de la materia inerte.

Pero tú no eras un objeto. Lo que no esperaba era que sentir tus manos en mi espalda fuera tan excitante; la sacudida eléctrica de tocar a alguien con voluntad propia terminó por derribar mis últimos miedos. Me giré para quedar sobre ti, entrelazando mis piernas con las tuyas en un nudo que desafiaba cualquier ley divina.

Sentí tu sexo presionándose contra el mío, y en ese roce, el Edén se quemó hasta los cimientos. Mis manos se perdieron en tu nuca mientras mis caderas iniciaban un baile salvaje, una fricción que convertía la tela en ceniza ante mis ojos. Estaba tan húmeda como el rocío, pero mi fuego era capaz de secar todo el parque.

El mundo a nuestro alrededor desapareció. Solo quedó el sonido de nuestras respiraciones, que pasaron de la agitación al hambre pura mientras me volvía cada vez más insaciable. Me moví contra ti con una urgencia que ya no reconocía fronteras ni prohibiciones, sintiendo cómo ese fuego que había mantenido bajo llave durante años estallaba dentro de mí con la certeza de que nunca más volvería a dejarse encerrar.

Esa tarde comprendí que el placer, aunque germina en la soledad, solo alcanza su plenitud sagrada cuando se desborda hacia otro. Estas líneas que lees son consecuencia directa de aquel incendio; escribo porque mi goce no está completo si se queda encerrado en mi memoria.

Este texto es mi invitación a que ardas conmigo en el fuego que ese día aprendí a liberar.

Posted Feb 25, 2026, 5:41 AM UTC

112
Loading comments…