La libertad del desierto:porque el amor necesita un laberinto.
Este ensayo lo realice para un club de lectura y es el primer ensayo que he hecho!! Así que espero sus opiniones
Vivimos en la era de las facilidades. Hoy en día un teléfono nos resuelve la vida y nos ahorra el esfuerzo de los procesos. Antes el destino de un hombre estaba marcado por muros invisibles, pero sólidos: si tu padre era carpintero, tú también lo serías, había una estructura, un camino, un límite. Hoy nos han quitado esos muros y nos han regalado una ventana de oportunidades infinitas, pero esa libertad total nos ha traído consigo la mayor crisis de identidad de nuestra historia.
Actualmente todo lo que tenemos es más sencillo y nos ha permitido poder hacernos estas preguntas más complicadas. Antes nadie se preguntaba si era feliz. Ahora, estos caminos ilimitados prácticamente que nos obligan a decidir nos han hecho dudar de todo lo que tenemos, de todo. Elegir suena peligroso; elegir un camino y así no poder entrar en los demás suena peligroso, y esta indecisión nos ha hecho tener estas crisis de identidades que ha creado cosas como los teriyans, como gente que no encuentra su lugar en el mundo y busca estar cómoda.
Al ser el centro de nuestro propio universo y buscar solo nuestra satisfacción personal, nos hemos vuelto incapaces de reconocer al otro en este mundo de libertad absoluta y relaciones de Tinder donde se busca el cuerpo, pero se evita la incomodidad de conocer el alma. El amor se está extinguiendo porque el amor, contrario a lo que nos dicen, no es libertad. El amor es la decisión de someterse.
¿Qué quiero decir? Persigo el amor como el sometimiento. Cuando el otro tiene un mal día, no pienso en mí. Cuando el otro quiere hacer algo, aunque yo no tenga ganas, lo hago. Y eso es porque en el sometimiento al otro aparece el reconocimiento. El amor, para que se dé, tiene que haber un reconocimiento y sometimiento al otro, a las voluntades, a los gustos; obviamente en equilibrio, está de más decirlo, ambos mutuamente tienen que someterse a los gustos, a los problemas del otro. Y la palabra ha sido arraigada a cosas negativas actualmente, pero es un sometimiento, es una sumisión; entender que el amor es un proceso ritualizado.
El amor es un proceso, y hoy en día, más allá de todo, el amor de Tinder no tiene procesos. No hay un proceso de acercamiento, de mirada. El proceso de Tinder es: quiero pasar a algo físico contigo o no quiero pasar, sin dificultad, sin la incomodidad de conocer, de acercarse, de preguntar, de dudar. Acá existe el reconocimiento del otro como parte fundamental de la otredad. Cuando hablamos de la otredad, estamos también reconociendo sus complicaciones, sus pesadillas, sus temores, sus felicidades. Y el reconocimiento viene de reconocer, o sea, de conocer algo que ya conocí, de conocer algo que ya viví. Tiene que ver con el espejo de reconocerme a mí mismo en esa persona. Eso es el reconocimiento: reconocer de ir a buscar en aquella persona el espejo de quien fui o alguna conducta que me haga reconocer. Ahí es donde se encuentra el amor, cuando reconocemos en el otro algo que nos hace sentido y decidimos libre, libremente, someterse a esa situación.
Y contrario a lo que el mundo te dice de libertad, de "yo solo por la vida haciendo lo que quiero", para eso quiero hablar de un cuento de Borges: Los dos reyes y los dos laberintos. Simplificándolo para los que no lo hayan leído, había dos reyes y tenían dos laberintos diferentes. Uno con bronce, con puertas, con muros, con botones y palancas; y el rey que tenía ese laberinto puso a este otro rey ahí dentro. Ese se perdió, pidió ayuda, y luego este rey que había estado dentro del laberinto llevó a este otro rey hacia su laberinto propio, que era la libertad total: el desierto. Y allí murió.
Ahí está la verdadera cuestión del amor. ¿Qué prefieres? ¿Un laberinto con cositas, con detalles, con una persona que es distinta a ti, aceptarla, quererla, moldear tu comportamiento, someterte, pensarla? O sea, ¿en realidad quieres la libertad total, estar en un desierto sin paredes, sin muros, sin a quién pedir ayuda? Este cuento para mí es hermoso porque habla del amor sin hablar de él. Esos son dos laberintos que existen, entonces por eso para mí el amor son esas dificultades.
Eso, esos desaciertos, un montón de cosas negativas que decidimos habitar en el otro. Reconocer que estamos perdidos en el laberinto del otro, y eso es lo más hermoso que nos puede pasar en un mundo donde hoy no reconoce nunca a nadie más que a uno mismo. En un mundo donde todo está en mi satisfacción personal, en mi relevancia con el mundo, en mi conexión, en mis cosas, en mis observaciones, en mis deseos y nada más que en lo mío. Y eso, quién sabe, es lo que nos está alejando tanto. Pensar únicamente en nosotros: "Yo soy", "Yo tengo que estar", "Yo tengo que estar perfecto", "Yo tengo que parecer".
¿Cuándo nos ponemos a pensar en el otro? El amor no es algo que se pueda cambiar, el amor no es una moneda de cambio. El amor es el sometimiento, es la devoción, es la entrega. Por eso muchas veces es trágico, por eso muchas veces nos duele terriblemente. El amor es eso y está en nosotros decidir qué clase de amor quieres, en cuál de los laberintos quieres estar: en el que no hay paredes, en el que no hay muros, no hay puertas, no hay nada; o en el que muchas veces nos chocamos la cabeza contra la pared, que vas viendo, que descubres, que pides ayuda. Está en nosotros elegir.
Posted May 1, 2026, 9:20 PM UTC