Terror en el Hotel del Centro

Cansado del intenso ritmo de la CDMX, decidí tomarme unos días de vacaciones. Me hospedé en un reconocido hotel de Cuernavaca y alquilé la habitación por tres días, pero después de lo que viví, no quise volver nunca más. Conseguí un buen precio, ya que fui en temporada baja, por lo que el hotel estaba casi deshabitado.

Después de acomodarme, fui a nadar a la alberca, que estaba completamente para mí solo. Permanecí ahí varias horas hasta que decidí regresar a mi habitación para bañarme. Al caminar por el pasillo del hotel, escuché una respiración justo en mi oído. Pude sentir cómo la exhalación movía mis cabellos y un frío terrible se apoderó del ambiente. Instintivamente, giré hacia atrás para pedirle a la persona que se apartara, pero sentí escalofríos al ver que no había nadie. Sin pensarlo dos veces, apresuré el paso hacia mi habitación. Una vez dentro, abrí las cortinas y encendí la televisión. Me recosté un momento para descansar y, sin darme cuenta, me quedé dormido.

No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando abrí los ojos, el cuarto ya estaba oscuro y solo la televisión iluminaba el espacio. Busqué mi teléfono para ver la hora, pero al voltear a mi izquierda, distinguí la silueta de una mujer acostada junto a mí. Mi primera impresión fue que alguien se había equivocado de habitación, así que intenté moverla. Pero al tocarla, noté que su piel estaba helada.

Me levanté de la cama de un brinco y me quedé de pie, observando a la mujer sin atreverme a mover un músculo. Sentía un miedo indescriptible y, justo cuando decidí ir en busca de ayuda, ella se incorporó, envuelta en la sábana, y comenzó a caminar con movimientos lentos y antinaturales hacia mí.

Grité mientras corría hacia la puerta, pero en ese instante, la televisión se apagó y la oscuridad lo cubrió todo. Desesperado, busqué la manija para salir, pero mientras lo hacía, sentí cómo la mujer me arañaba y mordía la espalda. Los nervios me traicionaban, y el dolor que sentía hacía que abrir la puerta fuera aún más difícil.

Pensé que todo había terminado para mí, pero, de pronto, alguien desde afuera abrió la puerta y caí en el pasillo. Los empleados del hotel me miraban atónitos mientras yo permanecía en el suelo, llorando y gritando. El gerente, junto a dos trabajadores, revisó la habitación, pero no encontraron nada. Sin embargo, los rasguños y mordidas seguían marcados en mi piel.

No quise discutir ni dar explicaciones. Solo tomé mis cosas y me marché de ese lugar, para nunca más volver.

Comparto estas historias con el fin de entretener. Espero que disfrutes la lectura y cualquier comentario o feedback es más que bienvenido. ¡Gracias por leer! 

Posted May 2, 2026, 4:09 AM UTC

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