A mi novia le gusta ser obervada.

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Contexto: mi novia de ese entonces tenía recién cumplidos los 18 y yo 23. Ella era de estatura baja, con piernas anchas, cadera prominente y pechos separados pero firmes.

Cuando comenzamos a tener s3x0 con regularidad, nos empezó a llamar la atención la emoción que se siente al pensar que te pueden encontrar en el acto. Teníamos dos prácticas s3xu4l3s que nos gustaban mucho: hacerlo en la cochera y hacerlo en la azotea.

Siempre que “echábamos lío” en su casa, nos empezábamos a prender, así que esperábamos a que sus papás se subieran a su cuarto a dormir. Una vez solos, nos íbamos a la cochera y, como esta tenía la entrada de herrería clásica de casa mexicana, se veía todo hacia afuera y hacia adentro también, y por eso nos gustaba.

Apagábamos la luz de la cochera, pero aun así la luz de la calle nos iluminaba un poco. Empezábamos a mordernos y, cuando ya no podíamos más, yo la volteaba, le bajaba el pantalón y me sacaba el p3n3. Le abría el enorme trasero que tenía y ella se recargaba en el cofre o en la cajuela del coche. Yo empezaba a penetrarla y ella solo se retorcía, aguantándose las ganas de gemir.

Casi siempre se prendía tanto que me decía: —quiero acercarme al cancel para estar más cerca de la calle—. A lo que yo le respondía: —pero si alguien pasa por la banqueta nos va a ver—. Y ella decía: —por eso, para que me vean como estoy—.

Yo, sin pensarlo mucho, le subía el pantalón para que pudiera caminar y la acercaba al cancel de la cochera. Ella se inclinaba nuevamente, se bajaba el pantalón y se recargaba en los barrotes del cancel, mirando hacia afuera mientras yo la penetraba.

Mientras lo hacía, yo siempre le decía: —¿qué hacemos si alguien pasa y nos ve?—. Y ella me respondía: —si es un hombre, me das más duro para hacer ruido y llamar su atención—.

Entonces yo le daba despacio, y cuando veía que algún hombre venía caminando por la banqueta, le daba duro hasta el fondo. Ella gemía y, cuando el desconocido pasaba por fuera del cancel, mi novia, siempre con la voz entrecortada y gimiendo, les decía: —hola—.

Cuando ellos se detenían a verla, ella se venía del placer de estar siendo observada en la cochera por un desconocido, mientras yo la penetraba de perrito.

Jamás pudimos dejar el vicio de tener relaciones de esa manera.

Posted May 12, 2026, 2:48 PM UTC

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