¿Alguien que disfrute de la fantasía oscura me daría su opinión sobre el primer capítulo de mi novela, "Diurnus"?
Hola a todos. Soy escritora independiente y me gustaría mucho conocer su opinión honesta sobre el inicio de mi proyecto actual, titulado "Diurnus".
¡Espero la disfruten! ☺️
1
DIURNUS
Las luces blancas y amarillas de la ciudad de New York se reflejaban en el gran ventanal de
la oficina de Noah, el cual estaba absorto en su portátil; solo el sonido de sus dedos al
teclear rompía el silencio de la habitación. Sobre su escritorio reposaba una copa con un
líquido rojo espeso; la toma para darle un pequeño sorbo y, al dejarla nuevamente y
regresar a su trabajo, sus pensamientos son interrumpidos por el sonido de la puerta.
—Adelante —Noah no despegó la vista de la pantalla. Una mujer de cabello plateado y
ojos azules se paró frente a él—. Ah, Lara, ¿tienes noticias sobre Darius? —preguntó.
—Sí, Bastian y yo estuvimos siguiendo a un draug y nos guio hasta una humana.
—¿Una humana? —Su mirada era de intriga y dejó el portátil a un lado.
—Sí. Aún no sabemos quién es, pero lo averiguaremos.
Noah se recargó en el respaldo de su silla; su expresión seria denotaba que estaba pensando
y sus dedos comenzaron a tamborilear sobre el escritorio de roble.
—¿Qué es lo que querrá con una menneske? —Miró pensativo a Lara y esta movió la
cabeza en señal negativa—. Mantenme informado por si Darius hace algún otro movimiento. Estamos muy cerca de atraparlo esta vez y tenemos que adelantarnos a lo que sea que esté tramando.
—Así lo haré.
—Puedes retirarte —le ordenó.
Lara le hizo una reverencia y solo quedó el sonido de la puerta al cerrarse tras ella.
—Así que está detrás de una humana —pensó Noah y se levantó de su asiento. El ruido de la ciudad era un murmullo constante y la visión de las luces nocturnas se mezclaba con sus pensamientos—. Voy a descubrir cuáles son tus planes —habló para sí mismo mientras miraba el ventanal.
Noah miraba el reloj mientras caminaba de un lado a otro con pasos pesados en su oficina.
Rara vez se detenía a mirar por el ventanal y, de vez en cuando, también miraba su móvil, como esperando una llamada importante. Su impaciencia era tal, que al final decidió marcar. El sonido del tono de la llamada no iba a ningún lado; colgó y marcó una, dos veces, y no hubo respuesta alguna.
—Mierda, Lara, ¿Dónde te metiste? —se preguntó a sí mismo, como si eso fuera a responderle. Hasta que por fin la escuchó anunciarse.
—¡Pasa, pasa! —Su voz tenía un tono de urgencia—. ¿Dónde estabas? Llevo esperándote horas —su cara era de reclamo total, al igual que sus palabras.
—Creo que me extrañaste —se rio Lara al entrar, para después ponerse seria—. Tengo aquí la información que necesitamos acerca de la menneske —y le entregó un sobre amarillo.
Noah tomó el sobre, regresó al escritorio y lo rasgó con urgencia. Dentro había papeles y fotografías que comenzó a deslizar sobre los dedos hasta que detuvo su marcha en la foto de la humana.
—La menneske es Altair Johnson —se apresuró a decir Lara cuando vio que Noah se detenía en su foto, y continuó—: Es adoptada. Según los registros, el lugar de nacimiento es Svolvaer, Noruega. Los padres murieron en un accidente de auto cuando tenía solo seis meses y fue llevada al orfanato de la ciudad. Poco después del incidente, fue adoptada por Joel y Mariane Johnson y la trajeron a New York; de ahí no hay más información. Realmente yo no entiendo, ¿qué es lo que quiere Darius con una humana?
—Creo que yo sí lo sé —contestó Noah sin dejar de mirar la fotografía—. Gracias por la información. Si necesito algo más te estaré llamando, puedes retirarte.
—¿Estás bien? Pareciera que viste un fantasma —lo miró Lara con cautela.
—Sí, estoy bien —contestó de forma un poco seca y regresó a mirar el portátil.
—De acuerdo, si necesitas algo llámame —antes de retirarse, Lara le dio un último vistazo a Noah y cerró la puerta.
En cuanto Lara se marchó, Noah tomó la fotografía de aquella chica y la estrujó entre la mano. La imagen mostraba a una mujer de complexión delgada, al parecer alta, piel blanca, de cabello negro largo hasta la cintura. Sus ojos grises y facciones finas la hacían ver bella ante los ojos de cualquiera. Pero no solo aquel rostro le era totalmente familiar, sino el zafiro que llevaba en su cuello. La imagen de aquella joven con la joya lo tenía sumamente preocupado; tanto que se causó una pequeña herida en el labio al morderlo y después la limpió con la punta de la lengua.
—No puedo creer que después de siglos esta piedra pueda regresar a mí —piensa en voz
alta—. Y ella… ella… No, esto debe de ser una coincidencia. Amelia está muerta, no puede
estar viva, simplemente no hay manera.
Noah dejó la foto arrugada en el escritorio y cerró sus ojos, esperando así poder esclarecer
sus pensamientos.
—¿Quién eres, Altair? ¿Qué conexión tienes con Amelia? Lo que es seguro es que Darius
sí lo sabe, y es por eso que necesito encontrarte antes que él.
Toda la noche Noah se la pasó leyendo los documentos que Lara le entregó, hacía
anotaciones y buscaba en su portátil. Estaba tan inmerso en encontrar alguna respuesta que
el amanecer llegó tan rápido como la noche se desvaneció. Sin pensarlo más, cerró su
computadora y se dirigió hacia la habitación de Lara.
—¿Lara? —llamó a la puerta, esperando encontrarla aún despierta.
Noah esperó un minuto y después ella apareció, somnolienta y frotándose los ojos.
—Disculpa si te desperté, pero no puede esperar.
—¿Sucede algo? —preguntó en cuanto terminó de desperezarse.
—Sobre la menneske que Darius está siguiendo. He decidido que seré yo quien la investigue —le expresó en tono autoritario pero calmado.
—¿Vas a decirme qué pasa o estás totalmente decidido a dejarme fuera de esto? —replicó
en tono molesto Lara—. En cuanto viste la fotografía de esa mujer estuviste extraño.
Noah la miró por un instante y cedió ante la demanda de Lara.
—Es idéntica a Amelia, y el collar que lleva en el cuello… ese collar me pertenece.
—¿Estás hablando en serio? —preguntó incrédula.
—Sí —respondió Noah—. Es por eso que tengo que hacer esto en persona. Estoy convencido de que ella tiene algo que ver con Amelia y por eso Darius la busca.
—Si es lo que deseas, está bien. Solo, por favor, ten cuidado. Tiene bastante tiempo que no sales a la luz del sol y no sabemos qué trama Darius.
—No te preocupes —la tranquilizó Noah—. Recuerda que soy el único que puede salir de día sin volverse ceniza, así que seguirla será mucho más sencillo para mí.
—Tienes razón. Bueno, entonces solo avísame si pasa algo, ¿de acuerdo?
—Lo prometo—y le dio una pequeña sonrisa para después perderse por el pasillo.
La luz tenue del día golpeó el rostro de Noah, haciéndolo entrecerrar un poco los ojos, y se
llevó la mano a su frente para hacer un poco de sombra.
—Hace tiempo que no me permitía
salir al sol —pensó mientras se dirigía al estacionamiento donde se encontraba su Verge TS
Ultra negra; tomó su casco y se puso en marcha.
Los rayos del sol se reflejaban en la salpicadera de su motocicleta conforme avanzaba y las calles parecían una mancha que se desvanece en el aire gracias a la velocidad, tanto que los cabellos que sobresalen del casco ondulaban rebeldes debido al viento. Cuando llegó a su destino, se dio cuenta de que el complejo de apartamentos donde vive Altair era sencillo; su color gris le daba una apariencia triste, pero los balcones con plantas lo hacían ver un poco más alegre. Miró su reloj y se estacionó en la esquina.
—Creo que llegué a tiempo —se quitó el casco y se quedó aguardando sin bajarse de la moto.
Noah volvió a mirar con un poco de impaciencia el reloj, el cual marcaba las 6:40 a. m., desvió la mirada de la hora cuando se percató de que, del otro lado, dos mujeres lo miraban y le daban una sonrisa.
—Bueno, creo que soy demasiado atractivo como para pasar desapercibido —sonrió con falsa modestia y regresó la mirada al complejo.
Sus uno noventa y cuatro metros de estatura, cabello largo castaño y quebrado hasta el hombro, tatuajes en el cuerpo, cara afilada, ojos ámbar casi como el oro, pendientes y con ese aire gótico-rockero de hombre rebelde, hacían inevitable que muchas no terminaran dándole una sonrisa o no pudieran quitarle la mirada. Pero la realidad es que así son los vampiros: hermosos al ojo humano, y eso los hace un poco arrogantes.
Tan solo unos minutos después, vio salir a Altair un poco apresurada y la miró casi correr de forma decidida hacia la parada de autobús. Es invierno y el frío cala hasta los huesos, o eso quiere suponer al verla con esa enorme cazadora blanca que se ajusta a su cintura; los jeans azules le daban un estilo casual y el cabello suelto, adornado con un gorro tejido, le hacía juego con su chamarra, dejando ver su figura esbelta y elegante que se recortaba ante
el gris urbano. Cada movimiento parecía tan natural que, simplemente, no podía quitarle la vista de encima.
La observó esperar con urgencia su transporte y, una vez que subió al autobús, Noah se puso en marcha también, esquivando autos entre las calles concurridas que, aunque era temprano, ya mostraban el caos de la ciudad. El viento agitó de nuevo su cabello largo y sus ojos ámbar no perdieron de vista su objetivo. Al llegar a su destino, aparcó justo a la sombra de un árbol que estaba entre el bullicio del campus donde Altair estudia; la observó bajar del autobús con esa gracia natural y confianza que ella despide y la siguió entre la
multitud de estudiantes que pasaban corriendo a un lado de él, para después notar cómo una
chica alta, delgada y pelirroja, con cara un poco redonda y un montón de pecas, corría hacia ella. La pelirroja llevaba puesto un enorme gorro de lana verde, una chamarra café que le llegaba a la cintura y unos jeans blancos acampanados; le gritó de tal manera que atrajo las miradas de todo el mundo.
—¡Altair! ¡Dime que hiciste la investigación de Grant!
—¿Qué? —frunció el ceño Altair, que no entendió bien lo que su amiga le preguntó.
—¡La investigación de Grant sobre la muerte súbita!
—exclamó desesperada—. ¡Dime, por favor, que la hiciste!
—¡Ah! Eso… sí. ¿Qué pasó contigo? Seguramente te volviste a ir de fiesta, ¿verdad? —la cuestionó mirándola con esos ojos grises que parecía que le atravesarían la nuca.
—¡Claro que no! Solo… me fui un rato con Spencer, ya sabes… —se encogió de hombros y soltó una risita nerviosa.
—Crista, sabes perfectamente que Spencer solo quiere jugar contigo —le espetó Altair.
—Yo tampoco quiero algo serio, solamente es diversión —dijo de forma relajada.
—Más a mi favor —le objetó mientras caminaban por los pasillos del edificio hacia el salón del profesor Grant—. Ya sé que a veces sueno muy anticuada, pero creo que debes de tener prioridades. Si Spencer es solo diversión, podrías no enfocarte tanto en él para no tener que llegar corriendo a copiarme la tarea.
—¡Ahg! Suenas a mi madre, pero tienes razón. La realidad es que no soy tan inteligente como tú. A mí me gusta salir, divertirme, vivir la vida; no todo es estudiar, Alt. Tú deberías de salir de vez en cuando, un poco de aire no te haría mal; sirve que te bronceas un poco. Te vas a juntar con puros muertos cuando te recibas; vive la vida, porque a la muerte la verás todos los días una vez que salgas de estos edificios.
—¿Quién dijo que no soy divertida? Solo… me gusta centrarme en el futuro y no perder el tiempo, eso no quiere decir que no sepa divertirme —reclamó con falsa dolencia.
—Pues jamás en estos dos años te he visto salir con un chico; los repeles como si fueran un
virus o algo.
—Porque son una pérdida de tiempo, una distracción, y yo necesito concentrarme en lo que
de verdad importa. ¿Tan malo es eso?
—No, claro que no, cada quien vive como quiere —murmuró Crista, pero lo dijo suficientemente alto para que Altair la escuchara—. En fin, ¿hiciste la tarea o no?
—No cambias, de verdad —sonrió Altair—. Anda, apresúrate o no te dará tiempo de
copiarla toda.
—¡Eres un amor!
—Sí, sí, ya, anda, pero me vas a deber un chocolate caliente después de clase.
—¡Ja! Ya sabía que no sería de gratis —soltó una carcajada cuando entraron al salón.
En todo el recorrido, las miradas se posaban en Noah y, al entrar al aula, no fue la excepción. Rápidamente se sentó hasta el final mirando a Altair conversar con su amiga desde la distancia. Había alumnos hablando y riendo entre ellos o haciendo bromas a los demás. El salón de clases era amplio y luminoso; las mesas largas y cafés se extendían por el lugar, mientras que la enorme pantalla que tenía enfrente proyectaba lo que parecía ser una presentación. Las paredes estaban adornadas con diagramas de anatomía y, al fondo, cerca del pódium del profesor, se encontraba un modelo en tamaño real de un cuerpo humano que, si no fuera porque era de plástico, hubiera pensado que era de verdad.
Aunque su idea de sentarse hasta el fondo para "pasar desapercibido" en su mente había
resultado efectiva, una chica rubia con cara de "popular" se le acercó.
—¿Eres nuevo? Jamás te había visto —le preguntó enrollándose un mechón de cabello en el dedo.
—Algo así —la cortó Noah, sin dejar de mirar a Altair.
La chica era rubia, típico de las populares, con ojos azules; muy delgada para su gusto, tenía las piernas tan alargadas que le recordó al modelo del cuerpo humano que vio momentos antes.
—Estar solo hasta el final del salón no te hará popular —y le hizo un gesto con la mano,
invitándolo a que se pasara hacia el frente.
—No, gracias —le respondió tajante, pero amable—. Prefiero sentarme aquí si no te importuna; me gusta la privacidad y te agradecería que me dejaras solo, este asiento me agrada.
—Tu estilo de ropa contrasta mucho con cómo hablas —la joven lo miró de pies a cabeza,
como tratando de encontrar qué es lo que no concuerda.
—Soy educado, no le encuentro lo extraño a eso —expresó encogiéndose de hombros y restándole importancia al comentario.La chica alzó una ceja, lista para decir algo, cuando la puerta se abrió y un hombre con algo de sobrepeso, bajito, con un prominente bigote, calvo y de lentes, entró.
—Supongo que, para estar tan entretenida, habrá hecho la investigación que les pedí, ¿verdad, señorita Evans? —la cuestionó el profesor, ajustándose la corbata roja que no combina para nada con el traje color gris que lleva puesto.
—Sí, señor Grant —y dio un suspiro en señal de derrota.
—Muy bien, le agradecería que volviera a su lugar.
La chica arrugó la cara y después volvió a posar su mirada en Noah. —Te veo después de clase para mostrarte la universidad —le guiñó un ojo para después, regresar a su lugar.
—¿Y usted es? —preguntó el profesor, clavando su mirada en Noah.
—Soy Noah —se presenta captando la atención de todos los presentes.
—¿Noah? ¿Noah qué? ¿Acaso se quedó sin apellido? —espetó el profesor.
—Varg —contestó al fin—. Soy Noah Varg.
—Qué raro… no me avisaron que tendría un nuevo estudiante.
—No sabría decirle que pudo haber pasado —sonríe mirando al profesor con exceso de confianza.
—Como sea —gruñó el profesor—. Entonces, por favor, solo no vaya a hablar y, si tiene preguntas, al final de la clase.
—Sí, está bien —y esbozó una leve sonrisa para después desviar la mirada hacia otro lado.
El profesor lo miró arrugando la nariz y después volvió su atención a una pila de papeles que tiene en el pódium. Mientras tanto Noah se enfocó de nuevo en Altair; esta vez su mirada ámbar y los ojos grises de ella se cruzaron, y Noah volvió a ver a Amelia en aquella humana.
El tiempo pasó tan lento que Noah solo podía escuchar el rasgueo de las plumas que se
movían al ritmo de lo que Grant explicaba, pero la clase era tan aburrida que, por primera vez en cuatrocientos años, sintió que se estaba quedando dormido e intentó mantener la concentración. Cuando el profesor por fin concluyó, Noah se estiró perezosamente, tratando de despejarse de la voz tan melodiosamente aburrida de Grant y, en cuanto vio a Altair y a su amiga salir, inmediatamente fue tras ellas.
Las siguió por el resto del día y se dio cuenta de que la vida de Altair es la de una chica meramente normal y no hay nada raro en ella. Por la noche, el aire nocturno soplaba con tal delicadeza que el movimiento de los árboles apenas era perceptible, mientras él y Lara se encontraban ocultos con la oscuridad como aliada, vigilando el departamento de Altair.
—¿En serio esa es tu idea de pasar desapercibido? —se burló Lara cuando Noah le describió el tan productivo día que tuvo siguiendo a Altair.
—¿Qué es lo raro? —preguntó sin entender la burla—. ¿Sabes cuántos siglos tiene que no piso una escuela? —justificó sin quitar la mirada del balcón.
—Definitivamente necesitas salir un poco más. Tú tienes la suerte de poder caminar a la luz del día y no lo aprovechas. Ya te lo dije: te recluyes como un viejo ermitaño detrás de tu escritorio, dando órdenes nada más. "¡Lara, haz esto! ¡Lara, haz aquello!" —se rio mientras engrosaba la voz, tratando de imitar a Noah y señalando con el dedo.
—Qué graciosa —reclama Noah amargamente.
—¿Y qué es eso de hablar formal? Estás en una universidad, no en una reunión de viejos decrépitos; aunque ahora que lo pienso, ya hablas más como Enzo.
—¿Supongo que vas a enseñarme a hablar y a comportar como lo hacen ahora?
—Puedo enseñarte unos cuantos trucos, claro. Pero dudo mucho que se te quede algo, así como eres de gruñón.
Noah le movió la cabeza en señal de desaprobación, pero al final terminaron riendo; después, regresó su mirada al balcón de Altair y pensó para sí mismo que las cosas, de ahora en adelante, van a cambiar definitivamente.
Posted May 24, 2026, 2:50 AM UTC