El año en que mi vida se volvió un thriller de terror: Sustancias, extorsión y el lado más oscuro de la santería en México
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Hola a todos. Tengo 23 años, soy del norte de México y hoy vengo a contarles la historia de cómo pasé de ser un estudiante universitario de Tecnologías Financieras a vivir bajo un esquema de terror, extorsión y acoso psicológico que casi me cuesta la cordura. Hago esto para desahogarme, pero también para que la gente entienda el nivel de descomposición y las dinámicas tan enfermas con las que algunas personas operan en este país.
El inicio del descenso: Excesos y malas amistades
Antes de que todo esto empezara, yo llevaba una vida acelerada. Estaba lleno de fiestas, excesos y descontrol. En mi casa las fiestas eran comunes y, muy seguido, terminaban con la policía vaciando el lugar por las quejas de los vecinos. Sin embargo, nunca me había enganchado realmente con una sustancia. Todo cambió cuando, por malas influencias y supuestos "amigos", caí en el consumo de cristal. Ahí comenzó mi verdadero descenso al infierno.
Al poco tiempo de empezar a consumir, el ambiente a mi alrededor se volvió turbio. Mi ventana mide más de medio metro de alto por dos de ancho, y da hacia la zona de unos vecinos que consumen alcohol y sustancias de forma intermitente. Empecé a percibir comentarios directos de ellos sobre lo que yo hacía. Mientras yo estaba programando en mi computadora, los escuchaba decir cosas como: "Este wey piensa que va a salvar el mundo", "No sabe en lo que se mete" o "Déjalo que hackee lo que quiera". Lo irónico y absurdo es que en ese momento yo no estaba metido en ciberseguridad, ni programaba malware, ni vulneraba redes ajenas. Eran solo mis trabajos de la carrera.
La paranoia y la invasión a mi privacidad
Con el tiempo, las cosas escalaron. Ya no eran frases cortas; empecé a escuchar oraciones complejas y discursos enteros. Llegué a pensar que me estaba volviendo esquizofrénico debido al desgaste y al consumo, y honestamente, hoy desearía que hubiera sido solo una enfermedad mental. Pero la realidad era más retorcida. Noté que mis propios pensamientos e intimidad eran usados por estas personas para hostigarme. Vivía en una paranoia absoluta. Hackearon mis cuentas; cuando cambiaba una contraseña en cualquier sitio web, esta era modificada en cuestión de minutos.
El acoso se transformó en una exigencia descarada. Estos hijos de su madre empezaron a pedirme dinero, propiedades, mis vehículos... básicamente querían quedarse con mi vida entera. Sé que suena a ficción o a locura extrema, y no les pido que me crean ciegamente, solo pido que me entiendan.
Un día no aguanté más. Bajo los efectos de la sustancia y llevado al límite por la desesperación, fui a tocar a su puerta. Les grité que no se iban a quedar con nada, ni dinero, ni propiedades, y que si tenían un problema, ahí estaba yo para arreglarlo. Dure unos diez minutos afuera desafiándolos.
El enfrentamiento y el internamiento
Ahí fue donde me di cuenta de que esto iba más allá de una simple rivalidad de vecinos. Absolutamente nadie sabía de mi consumo, excepto mi dealer y yo. Sin embargo, cuando llegó el hijo de la vecina, lo primero que soltó fue: "¿Cuándo lo van a internar? Sus hijos son los peores". Sabían cosas que no tenían forma de saber.
Afortunadamente, gente allegada a mi familia y personas que nos cuidan estaban cerca en la zona. Intervinieron de inmediato, les "bajaron los humos" en caliente y los amenazaron fuertemente para que se aplacaran. La policía también estuvo presente y la situación no pasó a mayores en ese instante.
Mi familia tomó la mejor decisión posible: me internaron para desintoxicarme y alejarme de ese entorno. Estuve encerrado menos de un año. Durante los primeros tres meses en el centro de rehabilitación, el ruido en mi cabeza cesó. Encontré paz. Pero cometí un error. Llevado por la curiosidad, mandé a pedir un libro: "Las Clavículas de Salomón", un texto antiguo de ocultismo y magia práctica. A los pocos días de tenerlo, las voces regresaron con una claridad aterradora: "Haber pedido ese libro fue tu peor error", me dijeron.
La extorsión económica y la liberación espiritual
Desde entonces, no ha habido un solo día de tregua. Llevo meses escuchando el acoso diario de los responsables de esto: la madre de las mujeres de esa casa y tres tipos que no tienen otra palabra para ser descritos más que como unos completos idiotas. Actualmente, la extorsión ha escalado al plano económico y espiritual: me están exigiendo la cantidad de 75,000 pesos mexicanos y la entrega de propiedades a cambio de "quitarme las voces".
Por lo que he investigado y por la naturaleza de lo que dicen, practican una rama de una religión afrocubana, específicamente Palo Mayombe (aclaro que no meto a la religión Yoruba aquí, porque sé que ellos no buscan destruir vidas). Las voces afirman tener un fetiche —un muñeco de tela con pertenencias mías y de mi familia— para controlarme.
Sin embargo, las cosas están cambiando. Un babalawo ya me consultó y me confirmó que lo que tengo pegado es un muerto oscuro, un trabajo diseñado para atormentarme. Gracias a la intervención del padrino, sé que dentro de poco dejaré de escuchar estas voces y de experimentar esos cambios tan desagradables en mi entorno. Desde que se hizo esa consulta, la energía de mi familia se impulsó para bien, las cosas se acomodaron y se siente un verdadero alivio en mi hogar.
No les tengo miedo
Hago público todo esto no para generar más bronca, sino para denunciar cómo operan estas ratas para sobrevivir en México, extorsionando y manchando las creencias de otros pueblos. Sé perfectamente que esta gente proviene de Michoacán y quiero dejarles claro algo: no les tengo miedo, ni se los tendré.
Ya estoy limpio, tengo el apoyo de los míos y actualmente estoy en pleno proceso de deshacerme de estos parásitos de la vida. Escribo esto ahora mismo, de madrugada, mientras espero que me dé sueño para dormirme, pero ya con la mente mucho más tranquila.
Posted Jun 3, 2026, 11:52 AM UTC