Vínculos.
No rechazo a la sociedad o algo así, de hecho aunque soy una persona solitaria por decisión propia puedo incluirme en los círculos sociales sin problemas. Todo estaba bien, en orden, pero en estos últimos meses algo me está fallando.
Se está empezando a sentir como cuando tratas de dormir en una cama repleta de granos de arena, migajas de galleta y hormigas subiendo por todo tu cuerpo. Analizar cada palabra que me dicen me causa un ligero temblor en el ojo izquierdo.
Hace unos días tuve que ir a recoger unos documentos, pero mientras pensaba en la idea de tener una conversación con la persona que me los entregaría era repugnante. Ese mismo día tenía que hacer las compras de la casa, un lugar repleto de gente. Mi cerebro se sintió tan caliente y mis manos se enfriaron, tenía tantas náuseas simplemente por hablar con unas cuantas personas.
En el apartado de electrónicos una señora me pidió ayuda. Claro que la ayudé, pero solo estaba apretando las manos tratando de calmar mis temblores. Llegué a casa y terminé con fiebre esa noche.
Ahora parezco una bomba de tiempo. Ni siquiera puedo tolerar pensar en mis amistades, es como si estorbaran en mis pensamientos. Siento una comezón terrible cuando me acuerdo de algo que tenga que ver con un vínculo. Me he aislado un poco. No quiero ser grosera con las personas, ellas no tienen la culpa, pero cuando intentan incluirse en mi vida o ocupar un lugar en mi mente me frustra.
Hace que sienta arañas caminando por mi garganta. Mi corazón se aprieta y no puedo evitar llorar. La tristeza me gana, pero ¿por qué? No tengo razones para sentirme así. Tengo una vida estable, mi familia está bien y cuando hay problemas busco la forma de solucionarlos.
Pero estar en casa se siente como si fuera la primera vez que veo ese lugar.
Sé que tengo una mamá y un papá. Esas palabras se repiten una y otra vez en mi cabeza hasta convertirse en otras diferentes:
"papá y mamá", "un hombre y una mujer", "dos personas", "desconocidos".
Hace años que no veo a mi padre. Él trabaja en otro país y aunque sigue en contacto con nosotros ya no recuerdo casi nada de él. Hasta el día de hoy me pongo a pensar en él y no logro saber quién es.
Su etiqueta en mi vida es la de papá, una que no tiene sentido para mí. Solo han pasado cinco años. Le sonrío y respondo sus llamadas por compromiso, como si fuera una tarea. ¿Quién quiere saber la vida de un desconocido?
Lo único que me mantiene cuerda es la cadenita de oro de mi abuela. También la olvidé, no sé quién fue realmente, pero pensar en ella no me causa malestar. De hecho me ayuda a relajarme. No recuerdo su rostro o su voz, es como si no existiera o tal vez yo trato de hacer que sí.
Posted Jun 25, 2026, 6:52 AM UTC