EL VUELO DE LOS SUEÑOS
Elio, abrumado por una jornada intensa de calor sofocante, tuvo un gran sueño una noche estrellada.
Soñó que volaba, sintiendo una inmensa libertad por los aires. Volaba como si nadara con los brazos extendidos, flotando libremente entre las nubes.
Acostumbrado a caminar por las calles, guiándose con su bastón que tocaba las paredes, Elio sentía un hermoso contraste al elevarse y avanzar como si fuese un pájaro surcando el cielo azul.
Saboreaba el placer de volar, una delicia que llenaba todo su ser y, al mismo tiempo, una quietud asombrosa.
En el sueño, los colores y las formas se dibujaban en su mente con una claridad absoluta. Allí arriba, sus ojos capturaban la luz y veían el horizonte infinito. Menos mal que Dante, su fiel amigo, el bastón, le guiaba sin miedo hasta el fin de su viaje.
Pero, al finalizar su apasionante aventura, a Elio le asaltaba una gran duda por resolver.
¿Dónde terminaría aquel vuelo? ¿En qué lugar tomaría tierra su alma antes de despertar?
Con lentitud comenzó a descender, presa de un cierto temor y, a la vez, invadido por una emoción divina.
Sus ojos, aunque cegados por una grave enfermedad visual, se abrieron poquito a poco. Y percibió el roce familiar de las paredes, el aire fresco de una ventana entreabierta y el apoyo firme de su bastón, aguardando pacientemente a su lado.
Fue entonces cuando imaginó que, en realidad, había aterrizado en una playa solitaria de arenas blancas, como caídos del cielo. En la oscuridad de su habitación y entre sábanas, el soñador aventurero notó el frescor del agua salada del mar, la acaricia suave de la brisa marina en su piel, y una sonrisa de felicidad se esbozó en lo más profundo de su alma.
Ana Cachinero
Posted Aug 4, 2026, 8:56 AM UTC