Pokémon de las estrellas - Prólogo final

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This is the final part of the prologue.

Thanks to everyone who read the previous parts. I'd love to hear what you think about the ending and whether the story managed to create enough tension to make you want to keep reading.

Enjoy.

La última orden

Apenas descendió unos metros más, Lance encontró una grabadora tirada en el suelo.

La tomó y presionó el botón de reproducción.

La voz del profesor Oak sonaba agotada, entrecortada.

\-Solo han pasado unos minutos... y el dolor es insoportable.

Hubo un largo silencio, acompañado por una respiración agitada.

\-Creo que mis peores temores se han hecho realidad. El Proyecto 386 no solo ha seguido creciendo... también ha desarrollado una gruesa capa de cristal oscuro, increíblemente resistente. A través de ella puedo distinguir una figura. Es pequeña, delgada... casi humanoide. Una intensa luz púrpura emana desde su interior.

La voz de Oak tembló.

\-Pero eso no es lo peor.

Escuché un leve golpe, como si el profesor hubiera tenido que apoyarse contra la pared.

\-Lo peor... es lo que me está ocurriendo a mí.

Si mis sospechas son correctas... el Virus X ha entrado en mi organismo.

Si esta enfermedad también puede propagarse entre los humanos...

Que Arceus se apiade de nosotros.

La grabación terminó envuelta en un silencio absoluto.

Lance observó la grabadora por última vez antes de dejarla cuidadosamente en el suelo y continuar su descenso.

Al llegar al final de las escaleras, la luz de la linterna iluminó el centro de la habitación.

Allí estaba el Proyecto 386.

La figura humanoide permanecía suspendida dentro de la enorme cúpula de cristal negro, bañada por una intensa luz púrpura.

Entonces...

Lance escuchó unos débiles gemidos al fondo de la sala.

Cerró los ojos por un instante y respiró hondo.

Sabía que lo que estaba a punto de encontrar sería mucho peor que cualquier cosa que hubiera visto en la superficie.

Con paso firme, dirigió la linterna hacia la oscuridad.

Y allí estaba.

El profesor Oak.

Su cuerpo era poco más que piel y huesos. Permanecía acurrucado en el suelo, abrazándose las rodillas como un niño aterrado.

Su piel había adquirido un tono grisáceo y enfermizo. El cabello, completamente blanco, se desprendía de su cabeza y yacía esparcido por el suelo. Su mandíbula colgaba desencajada, mientras unos ojos completamente blancos permanecían abiertos, fijos en la nada.

Lance lo contempló en silencio.

Solo sintió dos cosas.

Asco.

Y pena.

Aquel hombre había dejado que su curiosidad lo llevara demasiado lejos, y ahora estaba pagando el precio.

Lance cerró los ojos un instante.

No había nada que pudiera hacerse.

Le debía, al menos, una muerte rápida.

Levantó lentamente la bota, decidido a poner fin a su sufrimiento.

La suela descendió.

Pero, justo antes de impactar contra la cabeza del hombre que una vez fue el mayor orgullo de Kanto...

Lo escuchó.

Un sollozo.

Un último aliento.

Una voz tan débil que apenas parecía humana.

\-...Lance...

\-Tie... tienes que quemarlo...

Lance permaneció inmóvil.

Se inclinó ligeramente hacia Oak, esperando escuchar algo más.

Con el último aliento que parecía quedarle, el anciano volvió a hablar.

\-...Ya viene...

El silencio volvió a apoderarse del refugio.

Lance desvió la mirada hacia la enorme cúpula de cristal negro.

Entonces lo comprendió.

El calor.

\-¡Aerodactyl!

El fósil alado apareció con un rugido y, tras recibir la orden, se lanzó contra el techo del búnker.

Fuera del refugio.

Lejos de Oak.

Lejos del laboratorio.

La figura humanoide que descansaba en su interior parecía completamente formada.

Solo faltaba que despertara.

Lance respiró hondo y gritó con firmeza:

\-¡Charizard!

No obtuvo respuesta.

Frunció el ceño.

\-¡Charizard!

Nada.

Entonces miró a Aerodactyl.

El Pokémon fósil permanecía inmóvil, observando fijamente hacia la salida al mar de Pueblo Paleta.

Como si intentara decirle algo.

Lance siguió su mirada.

A lo lejos, junto a la costa, Charizard permanecía arrodillado sobre la orilla, bebiendo agua con una desesperación enfermiza.

No dejaba de beber.

La marca de la mordida que Arbok le había provocado en el cuello se había inflamado hasta adquirir un color violáceo.

De la herida brotaba un líquido espeso, purpura y grumoso que descendía lentamente por sus escamas.

Lance sintió cómo el corazón se le detenía por un instante.

No era la sed.

Lance dio dos órdenes precisas a Aerodactyl.

La primera: no acercarse a Charizard a menos que intentara volar o abandonar Pueblo Paleta.

La segunda: impedir, a cualquier costo, que entrara al laboratorio.

Sin perder un segundo, Lance regresó al interior del edificio. Corrió hasta la oficina del profesor Oak y tomó la memoria USB conectada a la computadora.

La guardó en el interior de su saco.

Por un instante se quedó inmóvil.

¿Qué debía hacer ahora?

No podía abandonar a Charizard. Si lograba alzar el vuelo, la infección se extendería mucho más allá de Pueblo Paleta.

Pero tampoco podía intentar acabar con él.

Si Aerodactyl intervenía demasiado de cerca, corría el riesgo de ser infectado.

Entonces volvió a escuchar la débil voz de Oak.

\-...En el... cajón...

Lance abrió los cajones del escritorio hasta encontrar una Poké Ball.

Al liberarla apareció un Delibird.

Introdujo la memoria USB en la bolsa del Pokémon.

\-Llévala a la Liga Pokémon. No te detengas por nada.

Delibird asintió y salió disparado por la ventana.

Solo entonces Lance volvió junto a Oak.

Con cuidado, levantó el frágil cuerpo del anciano y lo llevó al exterior.

Pensó que, al menos, merecía contemplar la luz del sol una última vez.

Pero, al cruzar la puerta...

Se quedó petrificado.

Charizard y Aerodactyl luchaban.

Pero más bien parecía que Charizard se lo quería comer vivo.

Aerodactyl apenas respondía a los ataques. Intentaba inmovilizar a su compañero sin herirlo de gravedad.

Charizard no mostraba la misma compasión.

Con un movimiento brutal, hundió las garras en los ojos de Aerodactyl.

El fósil lanzó un grito de agonía.

Había quedado completamente ciego.

Aerodactyl solo podía forcejear desesperadamente.

Lance observó las numerosas mordidas que cubrían el cuerpo de su Pokémon.

No lo comprendía.

Según los registros de Oak, el ciclo de infección debía durar un día completo.

Entonces...

Pero ya no importaba.

Si Aerodactyl comenzaba a transformarse al mismo ritmo...

Solo quedaba una salida.

En ese instante, Charizard levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos se encontraron con los de Lance.

Y, por primera vez desde que había sido infectado...

Rugió.

No fue un rugido de furia.

Fue un rugido de dolor.

Mientras el sonido escapaba de su garganta, la carne de su cuello se desgarraba.

Durante un instante...

Lance creyó que Charizard seguía luchando desde algún rincón de su conciencia.

Sin perder más tiempo, regresó al refugio junto al profesor Oak.

Cerró la pesada compuerta de acero y aseguró los cerrojos.

Después acomodó a Oak dentro de una de las jaulas de contención.

Finalmente se acercó a la puerta del búnker.

Guardó silencio.

No necesitaba escuchar pasos.

No necesitaba oír respiraciones.

Podía sentirlo.

Al otro lado de la puerta...

El calor de Charizard.

Lance había librado incontables batallas a lo largo de su vida.

Sin embargo...

Nunca imaginó que su última batalla sería así.

Desde niño le habían enseñado que los Pokémon disfrutaban combatir.

Que pelear era parte de su naturaleza.

Y que los entrenadores solo les ayudaban a liberar ese instinto.

Pero ahora, tan cerca del final...

Comprendía que nunca se había tratado únicamente de pelear.

Se trataba del vínculo.

De la confianza.

De los años compartidos.

Cada victoria, cada derrota y cada viaje habían unido a sus Pokémon con él de una forma que ninguna Poké Ball podía explicar.

Lance cerró los ojos.

Tomó una profunda bocanada de aire.

Y dio la última orden.

\-¡¡¡AHORA, DRAGONITE!!!

Muy por encima de las nubes, Dragonite abrió los ojos.

Había permanecido inmóvil desde que recibió la primera instrucción de su entrenador.

Recordó sus palabras.

\-Algo malo está ocurriendo en este pueblo. Necesito entrar solo. Pase lo que pase... no intervengas. Solo hazlo si yo te doy la orden.

Aquella orden...

Acababa de llegar.

Dragonite descendió en picada desde el cielo.

Abrió la boca.

La energía comenzó a envolverlo y a concentrarse, iluminando las nubes y el mar bajo sus alas.

Un instante después...

El mundo entero se tiñó de un brillo dorado.

Un Hiper Rayo descendió sobre Pueblo Paleta con una fuerza devastadora, envolviendo el laboratorio, el refugio, el Proyecto 386, los Pokémon infectados... y al propio Lance.

No era el Hiper Rayo más poderoso por la fuerza innata de Dragonite.

Era el más poderoso porque era el resultado de una vida entera de confianza entre un entrenador y su compañero.

Dicen que aquella columna de luz pudo verse desde todas las ciudades de Kanto.

Incluso hubo quienes aseguraron haber contemplado su resplandor desde lo alto de la Torre Bellsprout, en la vecina Johto.

Y cuando la luz finalmente desapareció...

Pueblo Paleta ya no existía.

Solo quedó un inmenso cráter.

Poco a poco, el agua del mar comenzaba a inundarlo.

Lance...

Lo había conseguido.

¿Verdad?

Abrió lentamente los ojos.

No estaba muerto.

Permanecía recostado entre montañas de escombros, incapaz de mover gran parte de su cuerpo.

Entonces escuchó una voz.

\-...Lance...

\-...Ayúdame...

Era Oak.

La jaula de contención había sido completamente destruida por la explosión.

Del profesor solo quedaba el torso.

Sus piernas y brazos habían desaparecido. La piel había sido arrancada por la onda expansiva, dejando los músculos completamente expuestos. A su alrededor, varios de sus órganos yacían esparcidos entre los restos del laboratorio.

Aun así...

Seguía con vida.

\-...Lance...

El Campeón intentó incorporarse.

Fue entonces cuando comprendió el estado de su propio cuerpo.

La capa que durante años simbolizó al entrenador más poderoso de Kanto había desaparecido.

Su piel estaba completamente carbonizada.

Los músculos, ennegrecidos por el calor, parecían las ramas calcinadas de un árbol consumido por el fuego.

Su cabello rojo...

Había desaparecido.

Convertido en polvo, el viento se lo llevaba lentamente.

La explosión había desintegrado toda su ropa.

Apenas podía mantenerse consciente.

\-...Lance...

La voz de Oak volvió a romper el silencio.

\-Esa... cosa...

\-Está escapando...

Con sus ojos completamente blancos y ya incapaces de ver, lágrimas comenzaron a deslizarse por el rostro del profesor.

Desde el interior del cuerpo destrozado del profesor, algo comenzó a moverse.

Una diminuta masa se desprendió lentamente y comenzó a arrastrarse entre las grietas de las rocas.

Había sobrevivido.

\-...Lance...

En ese momento, una enorme sombra descendió desde el cielo.

Dragonite bajó del cielo y aterrizó en medio del cráter.

Permaneció inmóvil durante unos segundos.

Lance levantó lentamente la mirada hacia él.

Dragonite parecía desorientado.

Sacudió la cabeza y abrió ligeramente las alas antes de volver a mirar a su entrenador.

Parecía estar bien.

Lance cerró los ojos.

Pero, al menos...

Habían destruido el Proyecto 386.

¿Verdad?

Lo que quedaba del organismo yacía completamente carbonizado. La figura humanoide que se estaba formando había muerto antes de completar su nacimiento. Fragmentos ennegrecidos de su cuerpo permanecían esparcidos por todo el cráter.

El Proyecto 386 había sido destruido.

...

En el Centro Espacial de Ciudad Algaria, en Hoenn...

El cascarón del organismo original se resquebrajó.

Una grieta.

Luego otra.

Hasta que terminó por abrirse.

De su interior emergió una figura alta y delgada.

Permaneció inmóvil durante unos segundos, observando el laboratorio vacío.

No quedaba un solo científico.

No quedaba un solo soldado.

No quedaba nadie.

Entonces comenzó a levitar lentamente hacia la salida.

Las cámaras de seguridad registraron una última grabación.

La criatura permaneció varios minutos contemplando el cielo nocturno.

Miraba las estrellas.

Como si intentara reconocerlas.

Como si buscara un camino olvidado.

Finalmente se elevó y desapareció entre las nubes.

Volvía a casa.

...

O, al menos...

Lo intentó.

Johto

\-Los Xatu poseen la extraordinaria capacidad de contemplar el futuro -explicaba una maestra durante una excursión escolar-. Aunque todavía no sabemos cómo comunicarnos con ellos, sus comportamientos nos han permitido anticipar tormentas, sequías e incluso algunos desastres naturales.

Uno de los niños levantó la mano.

\-¿Y... qué están viendo ahora?

La maestra dirigió la mirada hacia el santuario.

Todos los Xatu permanecían inmóviles.

Sin excepción.

Todos observaban exactamente la misma dirección.

Con sus ojos perdidos...

Miraban el futuro.

La maestra sonrió con cierta inseguridad.

\-No podría decirte qué ven, pequeñín. Se dice que el único capaz de comprender a un Xatu... es otro Xatu.

Cuando el grupo abandonó el lugar, el silencio volvió a adueñarse del santuario.

No quedaba ningún humano.

Solo los Xatu.

Todos permanecían inmóviles, mirando hacia la misma dirección, perdidos.

Entonces...

Una voz gutural rompió el silencio.

— El mundo está en grave peligro.

Ninguno de los Xatu se movió.

Aquella misma noche, todos los Xatu del mundo emprendieron el vuelo.

Ninguno regresó jamás.

FIN

Posted Aug 12, 2026, 3:16 AM UTC

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