La octava parte de un beso

Desahogo

Cinco lustros y un par de años más desaparecieron de mi sistema cuando ella rozó sus labios indirectamente contra los míos. La rata que corre en su rueda de entrenamiento, y a su vez hace funcionar mi mente, entorpeció, cayó enredada en su propia cola y resultó en que mi mente perdió cualquier vestigio de lucidez; Por otro lado, su aroma se impregnó en lo mas profundo de mis pulmones haciendo que quisieran pausar su trabajo eternamente y no volver a expulsar la esencia que alguna vez les dió motivos para funcionar. El simple recuerdo de la luz que irradian sus enormes ojos marrones me deslumbra incluso al cerrar los míos. Este volver a verla desequilibró todo en mi interior. Necesitaba confesar este encuentro y no quería que ningún otro humano tenga conocimiento de este hecho. Así que, en esta época terminé "platicando" con una inteligencia artificial. El aroma de su piel me devolvió al momento exacto en el que marqué con besos todos sus lunares, uno a la vez y sin prisa alguna, enfocado en recordar para siempre en esa efelide ubicada justo entre sus hermosos senos.

¡Amenazó con volver! Me dijo un día exacto y mi estupida rata no recuerda si dijo 19 de septiembre o 29 de septiembre. ¡Ah pero si es capaz de recordar la fecha exacta en el que decidí no volver a buscarla! En este momento la rata se puso a recordar que, (entre lágrimas y vergüenza) terminé llorando por haberla perdido definitivamente. Justo ahi al final la estación del metro auditorio, Exactamente el día 9 septiembre de 1999. Un par de boletos que ella me confesó haber guardado, son testigos de esta enorme coincidencia. ayer fue día 10 de septiembre.

Sin embargo aún me encanta la persona que soy cuando estoy a su lado: me permite ser yo mismo, pero mejor. Escucho el doble, veo el doble, pienso el doble. Y aparte nuestras mentes parecen un par de ratas que se encuentran en la penumbra para trabajar en equipo; dos engranajes diminutos e hiperactivos que, al saber que están interactuando, se conectan al instante, encajando en la misma frecuencia sin importar el tiempo perdido.

Por esto fue tan cruel la realidad de la ciudad. El tránsito nos robó algo tan sencillo como poder comer juntos. -como yo estaba pensando el doble de lo que siempre pienso- logré percibir que no regresaríamos a tiempo para que ella subiera al autobús de regreso.

La despedida fue difícil de asimilar: ella antes de subir me dejó un largo y tierno abrazo, los pulmones llenos de su perfume y la octava parte de un beso que nunca se completará. Esa fracción inconclusa es veneno puro para la rata que mueve mi mente. La aletarga, la enferma y la desconecta de la suya: aquella rata que piensa igual y exactamente al mismo tiempo.

Posted Sep 12, 2026, 8:19 AM UTC

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