El error del independentismo y la oportunidad de Podemos
Siempre se ha dicho que si tras el independentismo hubiese un 80%, incluso un 60%, de la sociedad catalana sería un tsunami imparable. Con un 40, o quizá ya un porcentaje menor, la fuerza del huracán puede oscilar mucho en la escala de grados, entre ciclón o la borrasca pasajera.
Hoy Barcelona amanece tranquila. Mañana de sábado. Turistas en las Ramblas. En apariencia, nada parece indicar la convulsión política, en apariencia también más institucional que social. Tampoco debe olvidarse el natural cansancio. Desde el once de septiembre se han sucedido las llamadas, las movilizaciones. Los grupos de whatsapp han echado humo.
El gran error ha consistido en confundir independencia con soberanismo, derecho a decidir con hechos consumados, afirmación de ser un sujeto político -nación, país- con sustanciación efectiva de ese sujeto.
Hechos innegables: una mayoria notable de la sociedad catalana reclama el derecho a votar "para decidir", aunque muchos -muchísimos- que se reconocían independentistas eran conscientes de la quimera de una DUI. Muchos se identificaban con la necesidad de "negociar", aún siendo conscientes de su debilidad objetiva. Hace pocos días circuló un manifiesto de "defensa de los derechos democráticos", y hoy existe una profunda división acerca de sí presentarse -o votar- en las autonómicas, teórica expresión democrática, convocadas para el día 21. Y mientras, persiste el "hecho diferencial" y a muchos se les abren -se nos abren- las carnes al ver titulares que dicen "Rajoy máxima autoridad en Cataluña" o que SS de Santamaria se "hace cargo del Govern". 155 blando y breve. Pero 155 y destitución de la Generalitat. Es un hecho, por mucha retórica que quiera echarse.
El riesgo para Podemos está claro y no se le escapa a nadie, porque no es nada nuevo: estamos ante un "universo" (Podem, los comunes, CSQP, las necesarias "confluencias"). Ahí conviven desde sensibilidades independentistas, un anticapitalismo cercano a las CUP, hasta antiguos votantes del PSC, incluso de la derecha, y un sentimiento de españolidad. Patriotas catalanes con patriotas españoles, además del sentimiento de identidad (catalán, español, catalán-español, republicano casi siempre, junto a otros más posibilistas y diluidos), junto al sentimiento de otros de rechazo a la noción de "patriotismo" -algunos creen que es una excusa para no abordar los verdaderos problemas, los socioeconómicos. Todo eso existe dentro del universo Podemos y del magma compuesto por sus millones de votantes.
Entre el independentismo -quizá ya irredentismo- y el españolismo que está subiendo a los altares la Constitución del 78 olvidando todo lo que tiene la crisis catalana de gran impugnación de las cenizas de la Transición hay espacio. Mucho espacio. La imagen de que ese espacio se ha estrechado es falsa. Se va a ensanchar. Pero Podemos tiene que jugar sus bazas con inteligencia, empezando por nosotros mismos: asumir sin tensiones, con normalidad, que incorporarmos todas esas sensibilidades tan aparentemente contradictorias que necesitan una expresión política, laica, republicana y federal.
Algún medio habla hoy de crisis. Mentira. Se llama oportunidad
Posted Oct 28, 2017, 8:29 AM UTC · edited