El primer encuentro y las primeras dudas del amor

Mitos de Ánimazia

En un amanecer dorado, Andrino, con 18 años, exploraba el bosque donde vivía la niña de 8 años y medio. Al llegar al corazón del bosque, la encontró dormida en su cama, iluminada por un claro de sol que resaltaba su belleza. Sintió que había encontrado su otra mitad.

Con cuidado, acercó la mano para acariciar su cabeza, pero ella se movió como queriendo despertar, y Andrino se apartó para no ser visto. La niña se levantó, bostezó y abrió los ojos; al ver el sol y la escena, Andrino quedó fascinado.

Al oír la voz de él llamándola “belleza”, la niña se volvió sorprendida pero no vio a Andrino. Bajó de la cama para buscarlo, y él se ocultó en un arbusto de zarzamoras, nervioso y temblando, lo que hizo ruido. La niña, curiosa, abrió el arbusto pero no encontró nada.

Andrino caminaba de puntillas, sin notar un palo que pisó, causando más ruido. La niña miró hacia el sonido, sin éxito en encontrarlo. Finalmente, Andrino se ocultó tras un árbol, respirando agitado, pero la niña lo encontró y él gritó.

Ella lo agarró del cuello y comenzó a interrogarlo. Él mintió diciendo que tenía 9 años. “¿Entonces por qué tienes bigote en la barbilla?” preguntó ella. Andrino, con una sonrisa nerviosa, respondió: “Es un bigote especial de niño, como los de los héroes de los cuentos.”

La niña preguntó por sus padres, y él dijo que se llamaban Melino y Andrissa, quienes vivían en otro mundo fuera de Ánimazia, y que él había sido criado por otra pareja junto a una cría de cerdo. La niña no conocía las historias de esos ángeles, por lo que Andrino estaba a salvo, pero aún debía mantener su distancia.

Cuando ella le preguntó por qué lo espiaba, él confesó que pensaba que ella estaba hermosa. La niña se ruborizó y lo soltó. En tono tímido preguntó si de verdad lo pensaba, y él afirmó que sí. Él intentó tocarle la mejilla, pero ella se alejó, temerosa de que Sol la regañara por estar con un desconocido.

Le pidió que se fuera cuando presintió la llegada de Sol.

Pasó una semana, y la niña no podía dejar de pensar en Andrino. Él, mientras exploraba y dibujaba un mapa del bosque, también estaba cautivado por su belleza, marcando el centro del bosque para poder encontrarla de nuevo.

Una noche, incapaz de dormir, la niña fue visitada por Amanda. Confesó que no entendía lo que sentía, porque no podía sacarse a Andrino de la cabeza. Amanda, con una sonrisa sabia, le dijo: “Tal vez es amor, una fuerza poderosa que puede cambiarlo todo.”

Amanda le explicó que el amor puede ser dulce y confuso, que es natural sentirlo así, y que debía escucharse a sí misma y a su corazón para comprenderlo.

La niña miró al cielo estrellado, sintiendo una mezcla de miedo y esperanza. Sabía que ese sentimiento era algo especial, el comienzo de una historia que apenas comenzaba a escribirse.

Posted Sep 9, 2026, 8:04 PM UTC · locked

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