"Devocion en hierro" (cap 4 y 5)

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⚠️ Advertencia: esta historia puede contiener humor negro, gore, manipulación psicológica, traumas y corrupción moral y lenguaje inapropiado. Se recomienda discreción.

Capítulo 4: La Fuga

Nyra y Klaad habían ideado una forma de comunicarse sin levantar sospechas. Las pruebas de armamento se realizaban en un nivel subterráneo, y sobre éste corría una red de pasarelas metálicas con rejillas de ventilación. Cada día, los soldados de Octavian-C39 escoltaban al escuadrón ejecutor al finalizar las misiones.

Cuando Klaad pasaba sobre las rejas, daba dos pisadas fuertes: “estoy aquí arriba” Nyra, en respuesta, alteraba su ritmo de disparos, dos detonaciones rápidas que resonaban como un eco metálico audibles en el exterior: “no estoy lista”

La rutina se repitió durante tres semanas…

Pero una noche, el código cambió. Nyra respondió con tres disparos seguidos: “preparativos listos”

Esa misma madrugada, Klaad usó el dispositivo que Nyra le había entregado y anuló los collares explosivos de sus cómplices. Al día siguiente, cuando volvió a cruzar la rejilla, marcó con tres pisadas: “estamos listos”.

Veinte segundos después, un rayo incandescente de láser pesado perforó una de las rejas de ventilación. El aire se onduló, el metal se derritió como lava. Una brecha perfecta quedó abierta.

—¡Ahora! —rugió Klaad.

El motín estalló. Los prisioneros, con cuchillos improvisados hechos de chatarra y piezas arrancadas de máquinas oxidadas, se abalanzaron sobre sus guardias. El acero atravesó gargantas y estómagos; los alaridos se mezclaron con el bramido de las alarmas. Luces rojas bañaban las paredes, convirtiendo el pasillo en un matadero titilante.

Los rebeldes saltaron por la abertura, cayendo en el laboratorio. Nyra los esperaba con mesas llenas de armas de láser ionizados y blindajes de metal energizado.

—¿Cuántos quedan? —preguntó Klaad, respirando con furia. —Doce… —jadeó uno de ellos, con el rostro cubierto de sudor.

—Klaad entendió que tres compañeros ya no volverían— Grupo uno, tomar las armas y cubrir entradas. Grupo dos, pónganse los blindajes. ¡Rápido!

Nyra desvió la energía del laboratorio al enorme cristal de energía, para forzar una sobrecarga. Miro al grupo de rebeldes conformado principalmente por hombres, entre ellos una figura resaltaba por su aspecto, parecía una sombra grisácea.

No todos estaban concentrados.

Kletus, con la mirada enrojecida, buscaba a su hijo separado del escuadrón hace apenas un par de días. Lo encontró encadenado en el campo de tiro, reducido a un cadáver despedazado. Algo se quebró dentro de él.

—¡MALDITA! —rugió, girando su rifle hacia Nyra.

Klaad reaccionó. Desvió el cañón justo antes del disparo. El rayo fundió el suelo a centímetros de Nyra. —¡Idiota, nos vas a matar a todos! —gritó Klaad mientras lo golpeaba brutalmente.

—¡BASTA! —la voz de Nyra retumbó como un trueno.

Kletus, sangrando y con la mirada vacía, bajó el arma. —Mierda… —susurró, tambaleante.

En dos minutos todos estaban listos. Se lanzaron a los pasillos, eliminando guardias a cada paso. El eco de los disparos, el olor metálico de la sangre y el humo negro transformaban cada corredor en un infierno.

Al llegar a un patio interno, una línea de soldados los esperaba. Las ráfagas los obligaron a cubrirse tras contenedores. El acero chisporroteaba con cada impacto.

Kletus, enajenado, cargó al frente. Su rifle láser rugía como un demonio escupiendo destellos azulados, destrozando guardias y atravesando armaduras como si fueran papel, los disparos de los guardias enrojecen el aire y rebotaban en su blindaje apenas sacudiendole, el equipamiento de Nyra demostraba su eficacia volviendolo imparable. Los fugitivos, envalentonados, salieron de la cobertura, el contraataque se desató con furia. Carne quemada, cuerpos destrozados, sangre vaporizada… el aire se apestaba a muerte.

Dejando explosivos tras ellos sellaban corredores negando cualquier persecución, alcanzaron un extractor que separaba los pasillos del hangar. —¡Aparta! —ordenó Nyra, plantando un explosivo diferente. El metal se abrió de cuajo y el hangar se reveló.

A trescientos metros estaba la nave elegida por Klaad. Kletus marchaba en primera línea…

El estruendo de un cañón pesado quebró la esperanza. El proyectil lo atravesó y su torso explotó de adentro hacia afuera en una lluvia carmesí. Los pedazos humeantes rodaron por el suelo.

—¿¡Impossible…!? —Nyra sintió la sangre helarse ante un arma que desconocía. —¡BOLTER! —rugió Klaad—. ¡Humo, ya!

Granadas rodaron y estallaron, liberando nubes blancas que tragaban la luz, el humo cubría el avance.

Un rayo concentrado de energía partió la nave en la que habían fijado para su escape, convirtiéndola en escombros ardientes.

Desde una enorme compuerta del hangar, emergió Enginseer Octavian-C39. Un monstruo de carne y máquina, su cuerpo montado en ruedas de oruga, armas pesadas incrustadas en cada brazo, un denso campo de energía lo rodeaba. Sus ojos mecánicos brillaban en rojo, con visores térmicos de largo alcance, podía ver los prófugos entre el humo, disparo con una enorme ametralladora a quienes estaban en su campo de visión y lanzó misiles a lo alto sobre las coberturas en lugares donde consideraba que se escondían.

—¡Miserables! —tronó su voz metálica— ¡Anularon mis collares!

Guardias armados con bólters y granadas de fragmentación pesadas se desplegaron desde varias compuertas. El hangar se convirtió en una trampa.

Boris desplegó el láser pesado. Sus disparos cortaban cuerpos en dos, reduciendo guardias a montones humeantes. Klaad lanzaba humo rojo para marcar posiciones enemigas, alertando a los suyos entre el caos. Las granadas lanzadas por los guardias eran lo suficientemente poderosas para dañar los blindajes creados por Nyra y aturdir, el aire vibraba con explosiones, metralla y gritos de muerte, contenedores ardían manchados de sangre.

Octavian, implacable, avanzó como un tanque. Su escudo de energía le protegía de todo impacto, su visión térmica hacía inútil el humo.. Con poderoso lanzallamas barría el hangar: el fuego fundía el metal, la carne y la vida misma.

Los Bolter de los guardias destrozan torsos y extremidades de los prófugos. Algunos responden atacando desde las posiciones menos esperadas demostrando su dominio de las emboscadas.

Boris soltó el láser pesado. Con un instinto casi animal, corrió entre fuego y humo, con disparos cortos de su pistola láser arremetió contra los guardias que apenas logran mover sus pesados bolters. Tras limpiar el camino volvió su furia contra Octavian. Sus disparos rebotaron en el escudo mientras el tecno-demente respondía con su lanza llamas sin poder alcanzarle. Boris ejecutó su plan, arrojó tres granadas de fragmentación que obtuvo de los guardias, directo al techo. La explosión derrumbó vigas que cayeron como martillos sobre el tecno-sacerdote.

—¡Esa! —gritó Klaad, lanzando una granada de humo verde hacia una incursora de asalto— ¡Esa es nuestra nave!

Nyra se apresuró a colocar explosivos bajo las demás naves antes de abordar la incursora. Los fugitivos sobrevivientes corrieron hacia el humo verde, esquivando escombros y cadáveres. La sombra gris acompañaba a un compañero herido y un tercero junto a ellos fue partido en dos por un bólter antes de alcanzar la rampa.

Boris venía último cubrió la retaguardia, descargando el láser pesado hasta que la compuerta se cerró con un estruendo. La incursora rugió y se alzó. Las balas rebotaban en su blindaje. Los guardias corrieron a tomar las demás naves para seguirles… grave error.

Nyra detonó los explosivos y las convirtió en chatarra ardiente

Bajo los escombros, Octavian apartó vigas con una fuerza monstruosa. Sus sensores apenas alcanzaron a captar la nave alejándose cuando el aire se tornó chispeante y eléctrico.

El cristal de energía se quebró y alcanzó su límite. La fortaleza entera explotó. Una ola expansiva de energía devoró torres, muros y cuerpos como si nunca hubiesen existido. La luz se extendió como el nacimiento de una estrella furiosa.

Nyra jadeaba aparentemente agotada, pero sus ojos desde la ventana lateral de la cabina observaban la monumental explosión, su retina grababa cada detalle, su corazón palpitaba con la belleza de la destrucción, era tan excitante.

Respiró hondo, su pulso se normaliza y su mirada se opaca una vez más. Por primera vez en años, se sintió libre.

La prisión… ya no existía.


Capitulo 5: “regreso a casa”

La nave emprende rumbo a Drah’ven-4 , Nyra aprovecha el momento para conocer mejor a los tripulantes

—¿Quiénes son ustedes? —Observa a un hombre con el brazo herido quien ya se quitó la el blindaje completo, el extraño de gris asciendole un torniquete en el brazo para reducir el sangrado y un último hombre viejo quien se lo ve muy conforme fumando un puro—

Hombre del brazo herido (36 años) —Mi nombre es Thyron, solía ser parte del astra militarum en el “imperio de la humanidad” hasta que me nos emboscaron hace tres años —Lo expresa con mucha calma, aunque se lo ve pálido y no deja de sudar, su pecho y espalda son una colección de cicatrices y quemaduras que indican que fue herido miles de veces y el dolor le fuera indiferente—

El extraño vestido de gris (“?” años) responde con una voz femenina y madura: Mi nombre Buzzan, mi especialidad es la infiltración —Se limita a decir eso sin revelar más nada—

El hombre de aspecto maduro quien fuma y sonríe (54 años) — Jugaras a ser mujer de nuevo Buzzan? —Se echa unas risas cargadas de sarcasmo— Mi nombre es Boris, la muerte es mi oficio, me contrataron para un trabajito y terminé en esta mierda hace meses.

—Mi nombre es Nyra Korr (20 años), soy científica, logré crear el equipamiento con el que logramos escapar.

La nave vibraba suavemente mientras el piloto automático guiaba el rumbo hacia Drah’ven-4. Klaad se levantó del asiento de capitán, cruzó los brazos y dejó que su voz retumbara en la estrecha cabina.

—Bien, ya todos me conocen. Soy Klaad, (27 años) pirata mercante. Ahora vamos a nuestro planeta hogar. No es un paraíso, pero es nuestro. Si quieren quedarse, son bienvenidos —hace una pausa, evaluando sus rostros ¿cuáles son sus planes ahora?

Thryron, recostado contra la pared, soltó un suspiro áspero, como si incluso seguir respirando le resultara tedioso. —Ser prisionero no fue agradable… pero fue mejor que servir al Imperio —Sus ojos carente de brillo se entonaron con amargura— Mientras no tenga que volver a comer una maldita lata de almidón de cadáver, con gusto trabajaré para ustedes.

—Nyra frunció el ceño— ¿Qué es el almidón de cadáver?

—Klaad soltó una risa seca— Créeme… no quieres saberlo.

—No tengo dónde volver —Expresó Buzzan agachando la cabeza y con la voz de un muchacho joven en un tono triste—

Boris, por el contrario, se recostó en su asiento como si nada en la galaxia pudiera alterarlo. El humo de su puro dibujaba espirales lentas en el aire —Mujeres, sustancias, dinero… Mientras eso fluya, mataré a quien sea.

En ese instante, Nyra los analizo uno por uno. Thryron, un hombre quebrado por demasiadas guerras, Buzzan es un ente difícil de leer y Boris… un depredador sin moral, que respiraba por los placeres bajos.

Nyra: —¿De dónde sacaste eso que estás fumando?

Boris soltó una risita baja, exhalando una densa nube que se extendió por la cabina —Ya sabes… los guardias fueron tan amables conmigo. ¿Qué podía hacer yo ante tanta generosidad? —Aflojó la correa de la bolsa que colgaba a su lado— Dentro, había monederos abultados, botellas de licor, cigarrillos y otros objetos personales que alguna vez pertenecieron a los guardias… y ahora eran suyos.

Nyra apartó la mirada, con un gesto de rechazo tan profundo como inmediato. No hacía falta conocerlo más para saber qué clase de hombre tenía delante.

El zumbido grave del comunicador interrumpió el silencio de la cabina.

Operador de radio: —Nave desconocida, está ingresando en el espacio aéreo de Drah’ven-4, identifíquese.

Nyra y Klaad se miraron, desconcertados—Aquí… mi nombre es Nyra Korr.

En la radio, se escuchó un tumulto de voces, pasos apresurados y un breve silencio. Luego, la respuesta llegó con un tono que no dejaba dudas. Operador de radio: —Bienvenida a la ciudad de Tisha Zus, estimada Nyra Korr.

Klaad frunció el ceño —¿Tisha Zus? ¿Desde cuándo es una ciudad con nombre?

—Es… el nombre de mi madre —La voz de Nyra tembló apenas, intentando contener la emoción—

Klaad le dirigió una mirada rápida, pero no dijo más. Puso rumbo de descenso y siguió las luces guía que parpadeaban desde el suelo.

El hangar emergió de la montaña como una compuerta oculta: un espacio interno de cientos metros, protegido por roca y acero. Allí, tres naves ligeras y cuatro cargueros descansaban bajo la tenue luz industrial. Una veintena de guardias, armados con equipo comercial, rodearon la nave al instante. Entre ellos, avanzó un hombre vestido con un traje impecable, lejos de su habitual indumentaria minera.

—Nyra… volviste —Garrik sonríe esperando a su hija con los brazos abiertos—

Ella vaciló unos segundos, observando el rostro de su padre, y finalmente se lanzó a abrazarlo con fuerza. Klaad bajó detrás de ella, el aire polvoriento de Drah’ven-4 le llenó los pulmones, trayéndole una sensación de calma que no sentía desde hacía años.

Garrik lo miró, con una chispa de reconocimiento y un velo de desconfianza. El joven de complexión atlética, cabello corto y mirada astuta que recordaba, había quedado atrás. Ahora veía a un hombre más robusto, de cabello largo y opaco, rostro marcado por cortes y ojeras, una mirada que hablaba de noches sin sueño y un cuerpo moldeado por la violencia.

Boris descendió con su habitual descaro, el cuchillo colgando del cinturón derecho y la pistola láser del izquierdo —Espero que este lugar, al menos, tenga una buena taberna.

Pasó entre los guardias como si fueran decorado, y estos, aunque no lo conocían, se tensaron instintivamente ante su presencia.

Buzzan bajó ayudando a Thryron, que apenas se sostenía en pie. El ex-guardia imperial sudaba, con la piel pálida como ceniza, pero su rostro no dejaba escapar ni un gesto de dolor, como si le estuviera prohibido mostrarlo.

—Garrik se apresuró a dar la orden— ¡Traigan un médico! ¡Tenemos un herido!

Seguidamente Garrik avanzaba al frente, seguido por Nyra y Klaad. El aire estaba impregnado con el olor a metal caliente y a polvo viejo, mezclado con un murmullo constante de voces, motores y herramientas. Lo que una vez fue un conjunto de túneles olvidados y depósitos oxidados, ahora se extendía como un hormiguero colosal, iluminado por lámparas industriales y paneles de luz improvisados.

A cada paso, Nyra veía pasillos que se ramifican en todas direcciones, viviendas hechas con chapas y madera, comercios donde se intercambiaban herramientas, piezas electrónicas y comida, salas de ocio abarrotadas de gente jugando o bebiendo. Lo que solía ser una aldea de menos de tres mil almas, ahora bullía con casi un millon de personas. —¿Cómo… cómo ocurrió esto? Solo pasaron dos años.

Garrik sonrió con un orgullo que apenas disimulaba —El negocio de los explosivos nunca se detuvo, llegaron ingenieros y operarios de otros mundos, ellos entendieron tus diseños y continuaron la producción. La demanda creció y tuvimos que expandirnos. Luego llegaron inversionistas, logramos filtrar agua, generar alimentos. Con la comida barata y el trabajo abundante, la gente no dejaba de llegar. Tuvimos que formar un cuerpo de guardias… Hubo intentos de saqueo, ataques menores.

Siguieron avanzando y llegaron a una colosal edificación, el nombre de la imponente fabrica hizo brillar los ojos de Nyra al leer “Korr Corp” —Porque tiene mi nombre?

—Tu iniciaste está fábrica, los recuerdas? —Responde Garrik con una sonrisa de vitoreo—

Pasaron junto a una forja donde el calor abrasaba incluso a varios metros, y hombres cubiertos de hollín golpeaban planchas incandescentes. Más adelante, una interminable línea de embalaje: decenas de operarios en mesas largas armaban cargas explosivas, sellaban cajas y las apilaban con un ritmo casi mecánico.

Y, en el corazón de la ciudad subterránea, Nyra reconoció la silueta de su antiguo laboratorio… ahora ampliado, reforzado, y lleno de actividad. Decenas de técnicos iban y venían, manipulando sustancias y componentes bajo la luz fría de las lámparas.

Garrik abriendo de par en par las puertas dobles del laboratorio, con una sonrisa orgullosa —Eh aquí, mi querida hija… Nyra Korr.

El lugar era un hervidero de actividad, mesas llenas de componentes, frascos burbujeantes, pantallas con diagramas de detonadores, y el zumbido constante de ventiladores y brazos mecánicos en movimiento. Químicos, ingenieros y especialistas en explosivos trabajaban en perfecta coordinación… hasta que escucharon su nombre.

Uno a uno, fueron dejando lo que tenían en las manos. Sus miradas convergieron en ella. Algunos la observaban con respeto reverencial, otros con pura curiosidad; todos habían oído las historias, algunas contadas y otras exageradas, sobre la joven que diseñó la base tecnológica que ahora sostenía la ciudad.

—Eh… ¿hola? —Logra decir Nyra mientras todos la observan—

El silencio duró apenas un segundo antes de que la multitud se abalanzara sobre ella. Preguntas atropelladas, manos estrechando las suyas, halagos y promesas de mostrarle sus nuevos avances. El aire se llenó de voces y movimiento, y Nyra apenas podía dar un paso.

Entonces, un sonido metálico y regular cortó el bullicio: clank… hiss… clank… hiss. El grupo se apartó, dejando un pasillo despejado.

Desde el fondo del laboratorio avanzó un joven vestido con una capa roja que ondeaba ligeramente con cada paso. Sus ojos no expresaban emoción alguna, solo una mirada fría y calculadora. La mandíbula, el brazo derecho, la pierna izquierda eran reemplazos mecánicos, aún brillantes y sin el desgaste del tiempo.

—¡¿Qué hace aquí un tecno-sacerdote?! —Klaad se muestra hostil

—Responde con voz metálica —Mi nombre es Geranis X308. Soy el científico jefe de este laboratorio

Nyra, sin darse cuenta, dio un paso hacia atrás. El recuerdo de Octavian-C39, con su voz distorsionada y mirada inhumana, le atravesó la mente como una sombra fría. —Yo… eh… Este solía ser mi laboratorio.

—Escuché mucho de ti Nyra. Espero que las historias sean verdaderas.

La voz del tecno-sacerdote carecía de hostilidad, pero había un matiz de desafío imposible de ignorar. El resto del equipo mantenía un silencio tenso, observando cómo la antigua creadora y el nuevo jefe se medían con la mirada.

—Como jefe del laboratorio le invito a mi oficina. Estoy seguro de que sabrá apreciar los… nuevos avances.

La intriga supera a Nyra —Está bien.

La oficina estaba abarrotada: pizarras con fórmulas a medio escribir, pantallas con simulaciones químicas, mesas repletas de planos y piezas de detonadores desarmados. Geranis se movía con soltura, mostrándole gráficas, resultados y nuevas mezclas. Su voz tenía un tinte triunfal.

—Hemos optimizado la combustión secundaria, añadido estabilizadores de última síntesis, mejorado el rendimiento del perclorato —Hablaba cada vez más rápido, seguro de su superioridad.

Nyra lo escuchaba en silencio, con el ceño apenas fruncido. No asentía, no lo interrumpió, simplemente dejaba que él se hundiera en su propia seguridad.

Finalmente, Geranis se detuvo y arqueó una ceja —Quizá mi explicación fue demasiado… abrumadora.

Nyra con calma, girando hacia una pizarra —No está mal. Pero se podrían hacer algunos cambios.

Cogió un marcador y empezó a escribir. Primero una variante de composición: el doble de potencia sin elevar casi el costo. Luego otra: una fórmula barata, con pocos componentes y fácil de reproducir, que igualaba el rendimiento actual. Después señaló fallos de diseño en los mecanismos y bosquejó soluciones con tal naturalidad que parecía estar resolviendo un acertijo de niños.

Por último, formuló ciertos químicos que se podían sintetizarse con los materiales ya disponibles, ampliando aún más las posibilidades de producción.

Geranis se quedó rígido. Su mente conectada a la computadora central corría simulaciones en tiempo real, intentando refutarla. Pero cada ecuación, cada variable que probaba confirmaba lo mismo: lo que Nyra decía era cierto… o muy probable. Incluso los fallos mecánicos que ella señaló eran problemas que él mismo había detectado, pero aún no había resuelto.

Un hilo de sudor recorrió su cara pálida, era imposible disimular el temblor de su mano de carné —Muy… interesante.

Nyra lo miró apenas, como si no hubiera notado la grieta en su fachada, y volvió a dejar el marcador sobre la mesa con total tranquilidad.

El joven tecno-sacerdote se negaba a dejarse superar. Decidió sacar su última carta, abrió un cofre oculto en la oficina y desplegó catorce planos de diseños. —Son mis creaciones —declaró con voz firme, aunque sus dedos temblaban apenas al extenderlos.

Nyra tomó uno de estos y lo observó en silencio. Los símbolos, el trazo, la tipografía… todo llevaba el inconfundible sello del Mechanicus. Geranis sonrió confiado, seguro de haber recuperado el control.

—Pero entonces ella frunció el ceño— Tú no hiciste este plano.

La seguridad de Geranis se quebró de golpe. Parpadeó incrédulo, incapaz de responder. Nyra fue colocando los planos sobre la mesa, uno a uno, con calma implacable. —Estos tres fueron rediseñados por fallas… este último ni siquiera está terminado —Alzó la mirada, sus ojos eran un bisturí— Todos están firmados por Marshall G21L. ¿Quién es? ¿Otro tecno-sacerdote?

Geranis quedó atónito, un humano no debería ser capaz de leer esos planos. Ni siquiera él conocía algunos de esos detalles. Su rostro sudaba y al fin, bajó la cabeza, derrotado.

—Yo… —tragó saliva—. No soy un tecno-sacerdote completo. Fui aprendiz de Marshall G21L… mi maestro. Lo asesinaron. Solo pude salvar esto antes de huir.

El silencio pesa como plomo. La arrogancia del joven se desmorona, dejando al descubierto no a un rival, sino a un huérfano del Mechanicus, aferrado a los restos de un legado roto.

Nyra salió de la oficina con el rostro serio, apenas contenida. No quería hablar de lo que había visto; ni siquiera estaba segura de cómo explicarlo sin sentirse decepcionada. Los ojos curiosos de los químicos y operarios se clavaron en ella, pero Garrik intervino de inmediato con una excusa elegante, tomándola del brazo y sacándola del laboratorio antes de que la devoraran con preguntas.

El grupo salió de los corredores industriales y entró en lo que una vez fue la cantera principal. Nyra se quedó helada: lo que antes era un pozo polvoriento se había transformado en el corazón de una ciudad subterránea vibrante. Calles bien trazadas, edificios altos que trepaban hacia las paredes de roca, luces suspendidas que imitaban la claridad de un sol inexistente. En la distancia, el rugido metálico de una gigantesca máquina recorría los rieles, llevando pasajeros entre los diferentes poblados del planeta. Era difícil creer que seguían bajo tierra.

Finalmente, llegaron a una posada elegante, cuyo mármol pulido y aromas dulces contrastaban con el aire áspero del planeta. Garrik se adelantó hacia la recepción, dejando claro con un gesto que eran huéspedes de importancia.

—Aquí se alojan negociantes, visitantes ilustres y aquellos que pueden pagar el lujo —explicó con orgullo—. Ustedes merecen lo mejor.

Nyra recorrió el lugar con la mirada, incómoda por tanto lujo. —Esto parece… demasiado.

—Todo esto fue posible gracias a ti —replicó Garrik con firmeza— Es lo mínimo que mereces.

La condujo hasta una de las habitaciones centrales, decorada con tejidos finos y mobiliario moderno. Pero cuando intentó dejarla sola, Nyra se detuvo. —Klaad puede quedarse aquí… ¿no?

El silencio se tensó como una cuerda. Garrik respiró hondo, con disgusto apenas disimulado. Klaad lo notó enseguida. —Está bien. Tomaré otra habitación.

Garrik lo condujo hasta un cuarto en los bordes de la posada, donde las paredes dejaban ver todavía la roca sin pulir. Allí lo dejó, tras una mirada cargada de desconfianza. —Descansa aquí.

Klaad asintió con una leve sonrisa amarga. —Lo aprecio.

Y Garrik se marchó, dejando tras de sí un silencio espeso, como si la ciudad entera aún no hubiera decidido si Klaad era un invitado… o un intruso.

Klaad se baño y limpio las placas de blindaje de su armadura, dejándolas secar en un rincón de la habitación. Al acostarse recordó, siempre quiso conocer la sensación de una cama cómoda, una habitación lujosa, pero… se sentía vigilado e inseguro, recordando las palabras de su maestro Drogvar. El momento fue interrumpido, golpeteos y gemidos se escuchaban en la habitación continúa, intenta ignorarlo y se acuesta sumergido en sus pensamientos hasta quedar dormido.

Posted Sep 28, 2025, 1:33 PM UTC

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